Nacionales

Dolor por Sacerdotes Sacrificados

Levantado el día 21 de septiembre de la casa parroquial en la Parroquia de San Miguel Arcángel de San Miguel Totolapan, el Padre J. Ascensión Acuña Osorio, fue encontrado muerto dos días después en las aguas del Río Balsas. Mucho dolor ha causado este hecho violento en ese municipio tan golpeado por la inseguridad y la violencia en los últimos años. La diócesis de Ciudad Altamirano, a la que pertenecía manifestó, a su tiempo, su pesar y acompañó a su familia en esta dura prueba.

Hay otros precedentes de sacerdotes tocados por la violencia como el Padre Habacuc Hernández Benítez, asesinado junto con dos jóvenes que le acompañaban en su ministerio sacerdotal en Arcelia, de la misma diócesis, el día 13 de junio de 2009. Por otro lado, el Padre John Ssenyondo, de nacionalidad ugandesa, quien servía en la diócesis de Chilpancingo Chilapa, fue desaparecido el día 30 de abril, sin que hasta la fecha se tenga noticia de él.

Estas historias se suman a otras muchas historias más de hombres y mujeres guerrerenses que han sido alcanzados por alguna de las formas de violencia generada por el crimen organizado. Estoy consciente de que si los sacerdotes acompañan de cerca a las comunidades guerrerenses, corren los mismos riesgos que el resto de la población y están expuestos a las amenazas de cualquier ciudadano que esté en esas circunstancias. Por eso, de acuerdo al ministerio pastoral que hemos recibido, seguimos con nuestra misión a pesar de los riesgos que ello signifique. Nuestra tarea es evangelizar, anunciar el Evangelio de la paz y organizar esfuerzos de reconciliación, que incluye el perdón, el reconocimiento de la verdad y la acción de la justicia. Y no solo lo queremos para estos sacerdotes que han sido sacrificados, sino para todas las víctimas de la violencia de todo el estado de Guerrero. Así mismo, quiero hacer un llamado a las autoridades para que hagan sus mejores esfuerzos de estar en condiciones para desactivar las causas de la violencia y para aclarar los casos de estos tres sacerdotes guerrerenses.

Somos solidarios con los jóvenes e insistimos que los jóvenes necesitan ser atendidos y requieren oportunidades.

Muchos jóvenes se siguen sacrificando por la escalada criminal de estos días. Cifras de muerte se han acumulado en esta semana. Primero, el 26 de septiembre en Iguala, 3 normalistas asesinados por la policía y 57 desaparecidos. También en Iguala, un autobús de deportistas baleado con saldo de 3 muertos y 26 heridos. El jueves 29, 5 jóvenes más, asesinados en la colonia Jardín de la ciudad de Acapulco. Y la lista puede ser interminable.

Es preocupante que los jóvenes sigan siendo el sector más vulnerado por la violencia. Y en este caso, preocupa que los estudiantes hayan sido objeto de acciones tan atroces por parte de las corporaciones policiacas. Tiene que haber cambios en la manera de mirar a los jóvenes y en la manera de abordar su situación de vulnerabilidad porque ellos representan una reserva demasiado valiosa de la sociedad como para dejarla abandonada o para que sea objeto de abusos.

Por eso, hago un llamado a la sociedad entera para extremar esfuerzos relacionados con la atención de los jóvenes. Las familias tienen que ser espacios libres de violencia y de protección para los jóvenes y las escuelas tendrían que repensar sus procesos educativos de manera que puedan incidir en la construcción de una cultura de paz en los mismos jóvenes. Y el sector privado tiene que plantearse la necesidad de generar espacios productivos para incluir a los jóvenes, de manera que cuenten con oportunidades de empleo digno. Esta es una responsabilidad compartida.

Y también quiero hacer un llamado a las autoridades para que se atiendan todos estos casos con el empeño que requieren. En primer lugar, es necesario que se haga la búsqueda de todos los estudiantes normalistas desaparecidos que ha generado mucha zozobra en sus familias y en la sociedad. Esta búsqueda debería tener alta prioridad. Y más, cuando se ha reconocido que fueron los cuerpos policiacos los responsables de tal despropósito. Y también se necesita aclarar todos los casos de jóvenes asesinados en estos días, tanto en Iguala como en Acapulco. Esta es una demanda social que se extiende a tantos casos más de asesinados en el estado de Guerrero.

Y hago un llamado a todos, a hombres y mujeres de buena voluntad, para que busquemos formas de participación para la construcción de la paz, que es responsabilidad de todos. No podemos seguir siendo espectadores, es necesaria la colaboración entre todos los sectores de la sociedad y las autoridades para detener esta avalancha de violencia que nos está dejando daños humanos y sociales de grandes proporciones.

Por: Carlos Garfias Merlos

Arzobispo de Acapulco (CEM)

Share:

Leave a reply