Editorial

Centenario de la elección de Benedicto XV

A los 59 años, el Cardenal Giacomo della Chiesa fue electo sucesor de San Pedro con el nombre de Benedicto XV, el 3 de septiembre de 1914. Sobra decir que el cónclave se desarrolló en un ambiente difícil por la Guerra desatada en Europa en agosto y precipitada por el asesinato del Archiduque Francisco Fernando, a finales de julio.

Giacomo Paolo Battista della Chiesa vino al mundo el 21 de noviembre de 1854, justo a conmemorar 160 años de su natalicio. Ordenado presbítero el 21 de diciembre de 1878 en San Juan de Letrán, se formó en el Instituto de Nobles Eclesiásticos, la academia diplomática vaticana. Hacia 1882 fue destinado a la nunciatura en Madrid bajo el mando del Arzobispo Mario Rampolla del Tíndaro y en el amanecer del siglo XX, la Santa Sede le comisionó para mediar entre España y Prusia por disputas territoriales; regresó a Roma en 1887, cuando León XIII nombró al Cardenal Rampolla secretario de Estado y en 1901, Giacomo della Chiesa fue sustituto de la Secretaría. El 18 de diciembre de 1907 fue consagrado Arzobispo de Bolonia.

Al morir León XIII, el Patriarca de Venecia, el Cardenal Giusseppe Sarto, fue electo Pontífice de la Iglesia en 1903, tomando el nombre de Pío X, después de un controvertido cónclave donde el Imperio Austro-Húngaro vetó al Cardenal Rampolla, Secretario del desaparecido Papa Pecci. La elección del Cardenal Sarto iniciaría una de las más importantes modificaciones para las futuras sucesiones papales y garantizar la asistencia de los cardenales a un cónclave al impedir el veto de los imperios bajo la pena de la excomunión. De esta forma, la reunión de los Príncipes de la Iglesia en 1914 fue la primera sin la intervención de las potencias en conflicto. En mayo de ese año, Pío X creó Cardenal al Pastor de Bolonia.

Benedicto XV fue electo entre oposiciones, especialmente por aquéllos que se decían papables y salieron cardenales. El secretario de Estado de Pío X, el Cardenal Merry de Val, cuestionó el voto del Arzobispo de Bolonia. El cónclave inició el 31 de agosto y después de 10 rondas, los 57 cardenales votaron a quien sería conocido como el Papa de la Paz, Benedicto XV.

No sólo la actividad de Benedicto XV serían los actos políticos y diplomáticos por el fin de la Gran Guerra, ayudó a los refugiados y destinó sumas económicas a los afectados. Su política de neutralidad fue valiosa para afianzar la paz y fue un creyente de las misiones y la extensión del Evangelio por las tierras donde no se había escuchado de Cristo, de la Iglesia Católica como la Iglesia de Dios y no extraña a los pueblos.

Joseph Ratzinger tomó este nombre no sólo de San Benito, patrono de Europa, también del Papa Benedicto XV. El 27 de abril de 2005, el Pontífice emérito afirmó: “He querido llamarme Benedicto XVI para vincularme idealmente al venerado Pontífice Benedicto XV, que guió a la Iglesia en un período agitado a causa de la primera guerra mundial. Fue intrépido y auténtico profeta de paz, y trabajó con gran valentía primero para evitar el drama de la guerra y, después, para limitar sus consecuencias nefastas. Como él, deseo poner mi ministerio al servicio de la reconciliación y la armonía entre los hombres y los pueblos, profundamente convencido de que el gran bien de la paz es ante todo don de Dios, don —por desgracia— frágil y precioso que es preciso invocar, conservar y construir día a día con la aportación de todos”.

Por : Guillermo Gazanini Espinoza
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