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Reforma electoral, luces y sombras

Reforma electoral, luces y sombras

 

¿Qué garantizará la reforma política? El sistema electoral enfrentará una gran prueba y calar las nuevas instituciones; sin embargo, la seguridad de esta reforma está ensombrecida por una partidocracia encubridora…

Quizá tres transformaciones han hecho historia en las instituciones democráticas del México contemporáneo. En 1996, el control del secretario de Gobernación sobre las decisiones electorales llegó a su fin al dar autonomía al Instituto Federal Electoral, órgano ciudadano cuyo prestigio se proyectó internacionalmente. En 2007, después de las turbulencias de la elección del 2006, otra reforma fortaleció la participación ciudadana, transparentó las condiciones de equidad y contienda electoral, fiscalizó a los partidos y dio credibilidad al IFE. La renovación de sus Consejeros fue novedosa al garantizar nombramientos ajenos a intereses partidistas donde todos podrían competir por un asiento en el Consejo General.

En 2014, el Congreso de la Unión dio un giro a la naturaleza de las instituciones y modificó las reglas después de las dudas surgidas de la competencia del 2012. Las Leyes Generales de Instituciones y Procedimientos Electorales, de Partidos Políticos y de Delitos Electorales, publicadas el 23 de mayo en el Diario Oficial de la Federación, generan luces y sombras. Quienes señalan las bondades de las novísimas disposiciones no vacilan en decir que el juego electoral tiene certeza por un órgano nacional, el INE, con presencia casi omnímoda para intervenir en las elecciones locales dejando fuera a actores ajenos a la imparcialidad de los procesos; de la misma manera, los partidos políticos serán regulados y fiscalizados minuciosamente en sus recursos, además de la integración de autoridades responsables de impartir justicia electoral y el endurecimiento de las penas en la comisión de delitos electorales.

Y contrastan las sombras. Después de 2007, el nombramiento de los Consejeros del IFE degradó hasta el punto de parálisis provocada por las cuotas partidistas. Si bien la instrumentación de la reforma 2014 depende de la integración del INE, el ideal de transparencia se atropelló en un proceso de selección herido por la opacidad de un grupo de notables al sugerir, sin mayores cuentas a la ciudadanía, los nombres de quienes conforman el actual Consejo General; las discusiones se comprometieron al denunciar la intervención de la Presidencia de la República en la redacción de la legislación secundaria erosionando la imparcialidad y los intereses partidistas hicieron de la Cámara de Diputados una simple oficialía de partes para dar trámite sin debate cancelando, por ejemplo, el empoderamiento ciudadano y modificar las candidaturas independientes para hacerlas más accesibles frente al gran poder económico de los partidos políticos.

En 2015, iremos a las urnas para elegir cerca de dos mil cargos entre los que están nueve gobernadores y la totalidad de la Cámara de Diputados. ¿Qué garantizará la reforma política? El sistema electoral enfrentará una gran prueba y calar las nuevas instituciones; sin embargo, la seguridad de esta reforma está ensombrecida por una partidocracia encubridora de una clase hambrienta de poder que haría del INE un placebo mitigador del dolor provocado por la incertidumbre en la efectividad del sufragio. Después de muchas reformas y los costos millonarios que representan, la ciudadanía exige el fin de las cooptaciones de partidos y demanda instituciones imparciales que estén a la altura y vayan más allá de respuestas elaboradas al seno de consejerías jurídicas. Cualquier ciudadano tiene el derecho de acceder al poder público en aras del bien común siempre y cuando aspire a realizarlo de forma honesta y capaz, gracias al cuidado de cada voto.

Fuente: Siame.mx Editorial del semanario Desde la fe 01 junio, 2014.

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