Editorial

El papa Francisco en México

Compartimos con nuestros lectores la reflexión semanal que nos comparte Mons. Felipe Arizmendi Esquivel Obispo de San Cristóbal de Las Casas.

VER

Estamos en Roma casi todos los obispos mexicanos, para llevar a cabo la Visita Ad limina, es decir, la peregrinación a las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo, y los encuentros fraternos con el Papa Francisco y sus inmediatos colaboradores en la Curia Romana. No son días de turismo, sino de intenso trabajo. No vinimos a pasear, sino a confrontar experiencias, avances y retos que nos plantea la pastoral, para que el Sucesor de Pedro nos ayude a analizar si vamos por buen camino, si debemos corregir algo, o si hemos de insistir en algunos aspectos.

Al terminar los dos encuentros que hemos tenido con el Papa, todos comentamos que nos sentimos en mucha confianza. Alguien dijo que se sentía no como ante la máxima autoridad de la Iglesia, sino ante un hermano en el episcopado. Más que decirnos muchas cosas, nos escuchó con paciencia y comprensión. Pocas veces intervenía en los diálogos por grupos. Prefirió entregarnos su mensaje por escrito, para darse tiempo de saludarnos nuevamente a cada uno, y decirnos unas breves palabras muy personales. Es el lenguaje de la ternura, de la cercanía, más que de los discursos.

PENSAR

Rescato unas palabras espontáneas que nos dijo, y que no aparecen en el mensaje escrito: “Yo aprendí mucho de lo que me iban diciendo. Me quedaron preocupaciones serias de las Iglesias de ustedes, algunas sufren mucho. Son problemas serios, pero veo que las Iglesias de ustedes están como consolidadas sobre un cimiento muy fuerte. En ustedes parece que es más fuerte la Madre del Señor… Y eso es muy importante, ¡muy importante! María no vos va a dejar solos frente a tantos problemas y dolorosos… Parte de sus hijos que cruzan la frontera, todos los problemas de la emigración, los que no llegan al otro lado… Son hijos que mueren, muertos por sicarios alquilados…Todo ese problema serio de la droga que hoy en día se está ofreciendo muy seriamente; o cuando un campesino te dice: “¿Y qué querés que haga? Si cultivando maíz vivo todo el mes, cultivando amapola vivo todo el año”. Y ustedes con su pueblo siempre. Por eso, la única recomendación que yo les diría es ésta, de corazón, –las escritas son también de corazón, pero esta es más de corazón –: la doble trascendencia. Trascender, en la oración al Señor. No dejen la oración, ese negociar con Dios del Obispo por su pueblo. No lo dejen. Y la segunda trascendencia: cercanía con su pueblo. Esas dos cosas. Adelante, y con esa doble tensión, adelante. Y recen por mí que yo rezo por ustedes y muchas gracias”.

Pensando en quienes nos critican porque ofrecemos alguna iluminación sobre las cuestiones sociales, retomo de su mensaje escrito unas frases que nos urgen a no desvincular la fe del amor a los que sufren: “La fidelidad a Jesucristo no puede vivirse sino como solidaridad comprometida y cercana con el pueblo en sus necesidades, ofreciendo desde dentro los valores del Evangelio… No tengan reparo en destacar el inestimable aporte de la fe a la ciudad de los hombres para contribuir a su vida común… La tarea de los fieles laicos es insustituible. Su apreciada colaboración intraeclesial no debería implicar merma alguna en el cumplimiento de su vocación específica: transformar el mundo según Cristo. La misión de la Iglesia no puede prescindir de laicos, que, sacando fuerzas de la Palabra de Dios, de los sacramentos y de la oración, vivan la fe en el corazón de la familia, de la escuela, de la empresa, del movimiento popular, del sindicato, del partido y aun del gobierno, dando testimonio de la alegría del Evangelio. Los invito a que promuevan su responsabilidad secular y les ofrezcan una adecuada capacitación para hacer visible la dimensión pública de la fe… Así podremos dar testimonio de Cristo con la vida también entre los más alejados, y salir de nosotros mismos a trabajar con entusiasmo en la labor que nos ha sido confiada, manteniendo a la vez los brazos levantados en oración”.

ACTUAR

Les invito a meditar el mensaje del Papa y que todos nos esforcemos por ponerlo en práctica. Será una magnífica ayuda para que nuestra patria venza las fuerzas del mal y vivamos en justicia, paz y fraternidad.

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