Editorial

120 mil víctimas

Ofrecemos a nuestros lectores la editorial del semanario ‘Desde la fe’ que en esta ocasión se pronuncia en favor de la vida.

El pasado 25 de marzo, diversos grupos de la sociedad civil alzaron la voz para repudiar las políticas que han eliminado a más de 120 mil niños indefensos en el vientre de sus propias madres. Su protesta denunció la irracionalidad y despotismo de las izquierdas que tanto daño han hecho al Distrito Federal, empeñadas en ignorar a la opinión pública, que demanda el respeto por los derechos humanos, el primero de los cuales es el de la vida.

En abril próximo se cumplirán siete años de la promulgación de las reformas criminales e irresponsables al Código Penal del Distrito Federal y a la Ley de Salud de la capital. Estos cambios son celebrados de forma absurda, como el máximo logro de la “Ciudad de las libertades”, protectora de presuntos derechos sexuales y reproductivos, primándolos sobre el derecho a la vida; sin embargo, a siete años de distancia, el panorama nacional cambió, ya que la Constitución de México fue modificada trascendentalmente. El 10 de junio de 2011 se publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto en materia de derechos humanos y garantías, por el que las normas relativas a los derechos humanos serán interpretadas conforme a los tratados internacionales, favoreciendo una protección más amplia del derecho a la vida. Y es que el aborto no es un derecho humano. Nada tiene de humanitario matar a otra persona, menos aún si ésta es indefensa y depende en todo de su propia madre.

Al contravenir la Constitución, las izquierdas y grupos feministas radicales engañan a los ciudadanos con aseveraciones contrarias a la justicia y a la ética, legitimando la brutalidad del poder del más fuerte sobre los débiles. Así, las políticas pro aborto entrañan el fracaso de la sociedad mexicana, de manera particular de la “Ciudad de vanguardia” donde todos, desde la concepción hasta la muerte, deberíamos tener cabida y protección.

La administración pasada fracasó al someter a la Ciudad con leyes injustas, atentatorias de la dignidad de las personas y la pluralidad ciudadana; la Asamblea Legislativa del Distrito Federal fracasó al sumarse a la vorágine de la violencia consumada con medios asépticos y disfrazándola de avance ciudadano; los grupos feministas radicales e intolerantes fracasaron en sus propósitos de ayuda al promover presuntas libertades sexuales y reproductivas que deforman la conciencia de las mujeres; el partido gobernante fracasó y dio la espalda a sus electores al no atender al pueblo que apeló al juicio y responsabilidad de los legisladores, quienes avalaron disposiciones contra la ética pro persona; el sistema de salud del Distrito Federal fracasó al retrasar políticas preventivas e integrales de atención a las mujeres y privilegiar el pragmatismo de la cultura de la muerte, haciendo del aborto un negocio lucrativo.

Resultado de todo lo dicho anteriormente: el asesinato de 120 mil niños. Más, muchos más, que los muertos por la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado.  ¿Algo mueve, este dato espeluznante, la conciencia de quienes aprobaron estas leyes, de quienes las ponen en práctica y de los que las hacen efectivas?

Es urgente que los jueces del Poder Judicial revisen, a la luz del nuevo marco constitucional, estas normas contrarias a los tratados internacionales sobre derechos humanos. Y este debate no se sitúa en posiciones dogmáticas o eclesiásticas, ni en argumentos laicistas fanáticos y excluyentes, porque no es progresista resolver los problemas eliminando una vida humana. Se trata de nuestra capacidad de humanidad y del grado de civilización al cual pretendemos aspirar como sociedad.

Fuente: Siame.mx Marzo 31, 2014.-

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