Internacional

La polémica visita del gigante asiático

Llegó a su fin la visita del Presidente de la República Popular China. Los medios de comunicación la calificaron de trascedente y un acierto del gobierno mexicano por lograr que, en el transcurso de un mes, los líderes de las “dos principales economías” del planeta visitaran nuestro país y trabaran acuerdos, dicen, fundamentales para el desarrollo de las relaciones entre las naciones. El líder del Partido Comunista y de la República Popular fue recibido, además, por la Comisión Permanente del Congreso de la Unión donde se magnificó la amistad entre México y China privilegiando los intercambios económicos para abrir e impulsar las inversiones. Como colofón, el Presidente, Xi Jinping, de 60 años, ingeniero químico y doctor en teoría marxista, visitó Chichén Itzá para impregnarse e impactarse de la cultura maya mexicana.

Una de las voces disidentes sobre esta visita se dio desde la Arquidiócesis de México cuando, el pasado domingo, el editorial del Semanario Desde La Fe calificó como “verdaderamente lamentable y deplorable que dentro de su territorio (en China) se den serias violaciones a los derechos humanos fundamentales y que prevalezca un silencio cómplice internacional sobre dichas acciones, entre ellas, la falta de libertad de expresión y la inexistente libertad religiosa y de culto. Basta recordar que esta semana la policía china rodeó un pueblo católico para impedir una procesión mariana”. Prueba de ello fue que, mientras el Presidente Jinping se dirigía al Congreso mexicano, SIAME difundió la denuncia de la asociación española “Enraizados” para exigir la liberación del obispo auxiliar de Shangai, Monseñor Tadeo Ma Daqin http://enraizados.org/ preso de conciencia y de religión, ordenado en julio de 2012, por renunciar a los cargos de la Asociación Patriótica Nacional.

En el sexenio pasado, China lamentó que el Presidente Calderón recibiera al líder tibetano en el exilio, el Dalai Lama. El 10 de septiembre de 2011, el vocero de Relaciones Exteriores de la Embajada de la República Popular China en México lanzó un comunicado de prensa en el que expresó: “El 9 de septiembre, la parte mexicana insistió en arreglar una reunión del Presidente Calderón con el Dalai Lama, pasando por alto las repetidas representaciones y el resuelto rechazo de la parte china al respecto. Este hecho significó una burda intervención en los asuntos internos de China, que ha herido los sentimientos del pueblo chino y perjudicado las relaciones sino-mexicanas. La parte china expresa su enérgico descontento y categórico rechazo al respecto. El Ministerio de Relaciones Exteriores de China y la Embajada de China en México presentaron sus solemnes representaciones ante la parte mexicana, en Beijing y en la Ciudad de México, respectivamente.

Los asuntos sobre el Tíbet son los internos de China. Los temas relacionados con el Tíbet atañen a los intereses vitales de China y los sentimientos de su pueblo. El Dalai Lama se ha dedicado durante largo tiempo, bajo el manto religioso, a las actividades separatistas contra China. La parte china se opone firmemente a todo tipo de encuentros entre los dirigentes y funcionarios gubernamentales de cualquier país y el Dalai Lama. El encuentro entre el Mandatario mexicano y el Dalai Lama faltó gravemente al compromiso hecho en reiteradas ocasiones por la parte mexicana. Demandamos a la parte mexicana para que adopte medidas para eliminar los efectos negativos, salvaguardando con acciones reales el desarrollo sano y estable de las relaciones sino-mexicanas”. Sin embargo, el Dalai Lama, se prevé, podría visitar México y Guatemala en octubre próximo, justo en el relanzamiento de las relaciones diplomáticas y de la afirmación de los lazos amistosos entre China y México que son “como un tequila añejo que despide un aroma especial”, diría Xi Jinping ante la Comisión Permanente.

Sin embargo, las limitaciones y atentados a la libertad religiosa contrastan con la pujanza de una nación, la gran maquiladora del mundo con mano de obra barata, cuyo crecimiento anual es de entre el 8 y 10%  y ser la gran potencia militar con más de tres millones de efectivos en las fuerzas armadas.

Una nación tan lejana a nosotros, no sólo en la distancia, sino en su manera de vivir y costumbres, encierra complejos problemas y una realidad lamentable que viven cerca de doce millones de católicos fieles a la Sede de Pedro. Hasta antes de la Lucha de Liberación de 1949, la situación de la Iglesia católica en China sería floreciente con 90 diócesis declaradas como tierras de misión según Propaganda Fide en 1947. Tres millones de católicos, 33 obispos, más de 190 mil catecúmenos, más de 2500 sacerdotes nativos y 1600 escuelas regidas por la Iglesia católica fueron desmantelados en aplicación de la política de las Tres Autonomías (política-económica-religiosa) y las tácticas comunistas y escritos de Mao para desvanecer las religiones a través de medios persuasivos de participación política y formación socialista. No es ajeno el uso de la fuerza, aún en épocas recientes, como las represiones contra los monjes tibetanos en el marco de los Juegos Olímpicos, o de la persecución política contra prelados de la Iglesia católica cuando, desde 1993, el gobierno interviene más férreamente en el nombramiento de obispos de forma deliberada y descarada en apoyo a la iglesia patriótica.

Es oportuno recordar que la persecución de la Iglesia data desde 1956 con la conformación de la Asociación Patriótica Nacional para declarar la integración de una iglesia propia ajena a Roma argumentando que el Vaticano intervenía en los asuntos internos de China por “actividades reaccionarias violatorias de la soberanía de la República Popular”. En 1957 tuvo lugar la consagración del primer obispo de la iglesia nacional, Li Hsy-ying quien juró: “Como la voz del pueblo es la voz de Dios, debo asumir la responsabilidad de la diócesis (de Chengtú). A partir de hoy quiero gobernar los sacerdotes y 40 mil fieles de la diócesis para marchar, bajo la dirección del Partido Comunista, por el camino del socialismo. Rechazo toda injerencia del Vaticano, del que soy completamente independiente en los asuntos religiosos. En lo que atañe a cuestiones de fe mantendré relaciones con el Vaticano, con la condición de que no atente ni a la dignidad de nuestra patria, ni a los intereses del pueblo chino”.

El 18 de febrero de 2012, Benedicto XVI impuso el capelo cardenalicio al obispo de Hong Kong, Monseñor John Tong Hon. En marzo de ese año, la desaparecida revista italiana 30Giorni publicó una amplia entrevista al cardenal quien explicó la situación de la Iglesia china describiéndola en tres palabras: Sorprendente, difícil y posible. Sorprendente porque, a pesar de la clandestinidad y persecución, el catolicismo chino demuestra un crecimiento y vitalidad providenciales. En 1949, los católicos, explica, eran 3 millones; en 2012 son 12 millones con 3500 sacerdotes, 5 mil monjas y 1400 seminaristas formados en seminarios financiados por el gobierno; Difícil, por el tremendo control gubernamental en la vida de la Iglesia impuesto por la Asociación Patriótica de los Católicos Chinos como es el caso de la elección de obispos ordenados sin el mandato apostólico y Posible, por la serenidad y confianza en el presente para que Dios pueda disponer las cosas de modo que las dificultades puedan concurrir al bien de la Iglesia a través de su unidad.

El 27 de mayo de 2007, el Papa Benedicto XVI dirigió una carta a los católicos de China ante los “complejos problemas” de la Iglesia en el gigante asiático. En febrero de 2013, a raíz de la renuncia del Papa emérito, la agencia Aleteia difundió una entrevista al arzobispo emérito de Hong Kong, Monseñor Joseph Zen Ze Kuin, quien expresó la dramática situación de la Iglesia: “Hay sacerdotes que son detenidos, interrogados, golpeados, torturados, encarcelados durante días, pero que no renuncian a su fe y a su amor por el Santo Padre. Son muchos los sacerdotes que no aceptan las ordenaciones ilegales. Tenemos el caso de Monseñor Ma Daqin, obispo auxiliar de Shanghai, que después de haber abandonado la Asociación Patriótica fue puesto bajo arresto domiciliario. Por desgracia, incluso en su caso, la Santa Sede ha sido demasiado cautelosa,  no ha presionado lo suficiente para apoyar esta elección, y ha optado por una política de prudencia y moderación”.

En octubre de 2012, la revista Tripod del Centro de Estudios “Espíritu Santo” de la Arquidiócesis de Hong Kong publicó el artículo del cardenal Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Fernando Filoni, “Cinco años después de la publicación de la Carta del Papa Benedicto XVI a la Iglesia en China”. En ella, el Prefecto dio cuenta de las altas y bajas en las tensas relaciones entre la Santa Sede y China encontrándose tres principales dificultades en la diplomacia de ambos países:

“1.- La Octava Asamblea Nacional del Representantes Católicos, organizada por las autoridades de Beijing en 2010, ha fortalecido el control del Estado sobre la Iglesia particularmente en la política de las Tres Autonomías. En relación a lo anterior, hay una presión creciente sobre los así llamados clérigos clandestinos para incorporarse a la Asociación Patriótica, una asociación de control sobre la Iglesia para hacerla independiente en su catolicismo y del Papa mismo. Al mismo tiempo, dicha Asociación elevó su propio control sobre la “comunidad oficial”: obispos, sacerdotes, lugares de culto, finanzas y seminarios (por ejemplo, un oficial del gobierno fue nombrado vicerrector del Seminario Mayor de Shijiazhuang provocando las protestas de los seminaristas);

2.- El control estricto del nombramiento de obispos ha derivado en la elección de candidatos controvertidos y que son moral y pastoralmente inaceptables, pero idóneos para las autoridades…

3.- Las consagraciones episcopales, legítimas o no, fueron obligadas por la interferencia de obispos ilegítimos creando dramáticas crisis de conciencia para los obispos consagrantes y consagrados.”

Si bien la visita del Presidente de la República Popular China ha creado una atmósfera de optimismo en cuanto a una nueva era de relaciones económicas para México, es importante dar a conocer a la opinión pública que su líder el cual, coincidentemente, fue electo por las asambleas del Partido Comunista hacia el 14 de marzo, un día después de la elección del Papa Francisco, enfrenta un sistema corrupto que ha vulnerado los derechos humanos fundamentales de los chinos. Aún cuando su personalidad irradia una frescura que podría transformar al Partido Comunista, otros chinos no son tan optimistas como el arzobispo emérito de Hong Kong, el cardenal Joseph Zen: “En cuanto a mí, cuanto más veo al nuevo líder, Xi Jinping, más pierdo la esperanza. Durante su visita a Guangdong en el sur, dijo que era necesario evitar lo que pasó en Rusia: dando incluso un poco, ustedes corren riesgo de perder el poder que ya han ganado. Esto significa que él piensa siempre en términos de dictadura del partido. En cambio, en Pekín, reprendió a sus colaboradores más cercanos, advirtiéndoles que si ellos no eran honestos y no cambian, y no rechazaban la corrupción, podían perder el poder. Esto significa que él está atormentado por la perpetuación del dominio del partido en el poder. En mi opinión, esto es imposible: el partido está tan corrupto hoy en día, que sin la participación del pueblo, él no podrá purificarlo.  Sin un mínimo de democracia, es imposible que el partido se cure”.

Y es que cualquier relación diplomática debe observar los principios más elementales de respeto a los derechos humanos fundamentales, de la libertad religiosa y de la dignidad de las personas. Las relaciones entre naciones no son excelentes sólo por las inversiones, las importaciones de carne de puerco, el consumo de tequila o girar invitaciones a los estudiantes mexicanos para vivir en campamentos de verano chinos.

Guillermo Gazanini Espinoza / Secretario del Consejo de Analistas Católicos de México
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