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Estado fuerte y “policías comunitarias”

El desarrollo de una sociedad se logra por la fortaleza de sus instituciones y la orientación ética de sus ciudadanos, principalmente. Sin embargo, en México estamos acostumbrados a crear una imagen falsa de nosotros mismos, a base de frases propagandistas que no corresponden a la realidad.

Hace muchos años hubo una demagógica campaña que decía “¡Arriba y adelante!”, y la realidad fue exactamente al revés. Tampoco podemos dejar de recordar el desastre que vivimos en aquella otra época en que la frase ficticia era “La renovación moral”, que terminó en una corrupción más grande que la galopante inflación de los años ochenta del siglo pasado.

Hoy se habla en todos lados de un Estado de Derecho fuerte, donde nadie está por encima de la ley, pero sólo nos encontramos con signos aislados de acciones efectistas, más que eficaces. Cómo podemos hablar de un Estado de Derecho cuando los más variados grupos de la sociedad alteran el orden público, afectando a millones de ciudadanos en sus derechos básicos al cerrar vías primarias de comunicación, al destruir edificios y bienes públicos, o al secuestrar la producción agrícola de gente que nada tiene que ver con el crimen organizado. Ante estas situaciones, los ciudadanos vemos con frustración la falta de decisión con la que actúan las fuerzas públicas, muchas veces dejando en libertad a los causantes de tales acciones ilícitas y vandálicas.

Mientras tanto, todos los días escuchamos declaraciones en el sentido de que ya vivimos en paz, que la violencia va desapareciendo, y que todo está bajo control, pero lo cierto es que las declaraciones no cambian la realidad.

La prudencia, la mesura y el diálogo siempre serán encomiables, pero estas actitudes no pueden ponerse en práctica con quien delinque, pues la ley fue hecha para aplicarse, no para negociarse a costa de los derechos de miles de ciudadanos que ven afectada su vida diaria, seguridad y patrimonio por la falta precisamente de la aplicación de la ley.

Como un ejemplo podríamos recordar la situación de indefensión que viven miles de ciudadanos en muchas poblaciones a todo lo largo y ancho del país, donde el crimen organizado sigue siendo quien impone sus reglas para secuestrar, extorsionar y controlar las actividades económicas y la vida diaria de los mexicanos.

Los titubeos del Estado, en una de sus principales responsabilidades, que es la de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, está provocando que la ciudadanía comience a organizarse para formar “policías comunitarias”. Es decir, ante la vulnerabilidad de nuestras instituciones, se está gestando una reacción que, de no atenderse a tiempo, podría llevar a un caos social.

Lo ha dicho hace unos días el Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el cardenal Francisco Robles, arzobispo de Guadalajara: “No puede haber desarrollo sin paz y no puede haber justicia si persiste la impunidad”.

Fuente: SDDF http://www.desdelafe.mx/

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