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Los Ángeles…

Desde 2002, cuando se destapó el escándalo de abusos sexuales en Boston, la Iglesia católica ha padecido el viacrucis de los ministros que han abusado de la confianza y de la inocencia de miles de jóvenes y niños. La jerarquía comenzó a entender que los casos de pederastas y abusos no podían seguir cubriéndose y, por el bien de las víctimas y acabar con la impunidad, comenzó a dar pasos legales y canónicos para formular normas contundentes y castigar a los responsables. Benedicto XVI, desde el inicio de su pontificado, comenzó las sanciones, suspendiendo a los sacerdotes de los casos más vergonzosos, lamentablemente para México, el caso Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo, ahora en proceso de reestructuración y de sanación de las heridas, después de haber fincado un culto y confianza desmedidas en su fundador quien resultó ser un delincuente y traidor a la confianza de sus fieles, a la Iglesia y a Dios mismo.

Este 31 de enero, en la fiesta del maestro de la juventud, otro capítulo se abre. El arzobispo de Los Ángeles, José H. Gómez, dio a conocer a los fieles de esa Iglesia y a la opinión pública, la lista de los clérigos implicados en abusos sexuales, junto con los archivos de la documentación donde se puede leer la historia de abusos causados por estos depredadores sexuales. En 2004, el Informe al Pueblo de Dios, expresó la vergüenza y el dolor por los casos denunciados. En 2007, el cardenal Mahony desembolsó de las arcas arquidiocesanas más de 600 millones de dólares para indemnizar a las víctimas de los 508 casos radicados en los tribunales, expresando sus disculpas personales a cada víctima, garantizando su atención, no sólo en lo económico sino en su vida integralmente.

El arzobispo Gómez tomó esta cruel herencia y ahora, por mandato judicial, se publican estos expedientes cuya lectura “es brutal y dolorosa. El comportamiento que se describe ahí es tristísimo y terriblemente malo. No hay excusas ni explicaciones posibles sobre lo que pasó a esos niños. Los sacerdotes involucrados tenían el deber de ser padres espirituales y fallaron”.

La admisión de las faltas de parte de la Arquidiócesis de Los Ángeles ha llevado a un hecho tal vez inédito. El actual pastor reconoce en su declaración del 31 de enero el pesar de su antecesor “por no haber podido proteger completamente a los menores confiados a su cuidado…”  Y pesa sobre el Cardenal la siguiente sentencia: “Con efecto inmediato, le he informado al Cardenal Mahony que él no podrá tener ningún tipo de responsabilidad administrativa o pública”. ¿Cuáles serán estas limitaciones? A pesar de su retiro, el Cardenal podría tener algunas responsabilidades pastorales que ahora no le serán permitidas. La decisión de su sucesor obedece a ese hecho de que, en su momento, la jerarquía responsable no actuó ni respondió de manera inmediata, prefiriendo callar y proteger haciendo que las víctimas se mostrarán más como responsable y a los responsables haciéndolos inocentes por el silencio y la remoción o traslados parroquiales. Y las fichas continúan cayendo, el auxiliar de Santa Bárbara, Thomas Curry, fue obligado a presentar su dimisión a causa de “las decisiones que tomó mientras se desempeñaba como Vicario para el Clero”.

La Iglesia católica, particularmente en esos países donde la acción judicial se activó para castigar a los responsables, actuó de forma inequívoca. Después de la muerte de Juan Pablo II, se han dado pasos definitivos para impedir que los abusos se den de nuevo en cualquier parroquia del mundo. En el clero católico o bien de cualquier iglesia o congregación no debería tolerarse caso alguno de abuso. No es lo importante, simplemente, si esto pasa en menor o mayor porcentaje dentro de la Iglesia, el hecho es que la herida es tan grande que aún mana sangre, como la del costado de Cristo traspasado por el pecado del mundo. Las medidas que se han tomado pretenden ser definitivas y contundentes, pero ahora la experiencia en la Iglesia habla de la necesidad de transparencia y decir, de igual forma, que la misericordia no suple a la justicia. La actitud de los clérigos no debe dar lugar a ninguna clase de sospechas; los seminarios y casas de formación, más que nunca, deben examinar detalladamente cada caso de los que aspiran al sacerdocio para conocer la recta intención y anhelos sobre el ser sacerdotal, además de la responsabilidad de todos los laicos para no encubrir, tolerar y disimular actuaciones y conductas sospechosas que sigan lacerando a la esposa de Cristo.

El arzobispo José Gómez, con la publicación de estos expedientes, no ve un triunfo legal. Esta transparencia implica la “oración y la reflexión”. Despertar las conciencias y convertir para que, quienes tienen las graves responsabilidades de conducción de las almas, reflexionen sobre su trato y atención a los demás, llamado  particularmente a los clérigos sometidos a problemáticas de índole sexual a recurrir a la ayuda necesaria para evitar cualquier delito que siga manchando a la Iglesia y al sacerdocio de Cristo. Este es un llamado no sólo a Los Ángeles, sino a todo el mundo para que la Iglesia católica siga mostrando la “profunda compasión hacia las víctimas de abuso sexual de menores”. Nada de lo que permanece oculto, podrá seguirlo siendo eternamente.

Fuente; Guillermo Gazanini Espinoza / CACM. 1 de febrero.-

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