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El Cristianismo una Religión Perseguida

El cristianismo es una religión perseguida y, en muchas partes del mundo, el odio a la fe demuestra que la Iglesia vive en condiciones lamentables y difíciles.

El cristianismo es una religión perseguida y, en muchas partes del mundo, el odio a la fe demuestra que la Iglesia vive en condiciones lamentables y difíciles, a pesar de las demostraciones de tolerancia y de reconciliación en las sociedades democráticas preciándose de abrir espacios de convivencia y respeto, pero que en los hechos distan mucho de esos ideales. En Europa, el laicismo radical persigue a la Iglesia católica y un hecho, por demás lamentable, es lo acontecido en la Catedral de La Almudena esta tarde de jueves cuando agentes policiales y equipos especiales aseguraron una bomba hecha y colocada con toda la intención de causar daños al sitio y a los fieles. Este acto terrorista se une a lo que ha padecido España: laicismo e intolerancia contra el catolicismo.

 

México es uno de los países de Latinoamérica más peligrosos para ejercer el sacerdocio. En esta semana, la agencia Fides hizo público el informe sobre agentes de pastoral asesinados durante 2011: “En México, fueron asesinados 4 sacerdotes y 1 laica: P. Santos Sánchez Hernández atacado por un intruso que entró en su casa, probablemente para robar; P. Francisco Sánchez Duran al que encontraron en la iglesia con heridas en el cuello, quizás en un intento por detener un robo en la Iglesia; P.Salvador Ruiz Enciso, secuestrado y asesinado; P. Marco Antonio Durán Romero, asesinado en un tiroteo entre soldados y un grupo armado. A ellos se suma María Elizabeth Macías Castro, Movimiento de Laicos Scalabrinianos que trabajaba en un periódico y en contacto con los migrantes, secuestrada por un grupo de traficantes de drogas y brutalmente asesinada”.

En 2012-2013, otros dos hechos se suman a la desafortunada lista involucrando a agentes de pastoral y clérigos, como la aún sin esclarecer desaparición  del Padre Santiago Álvarez Figueroa, de la diócesis de Zamora, el pasado 27 de diciembre y el asesinato de José Flores Preciado, de 83 años, quien había sido amenazado. El 5 de febrero, el sacerdote fue golpeado salvajemente al interior del templo de Cristo Rey de la diócesis de Colima, aparentemente por robo, provocándole la muerte.

No son hechos menores. En España, la escalada de odio y persecución ya no conoce límites. Las ofensas a la Iglesia se demuestran, en menor medida, por las burlas y escarnios contra los cristianos al tacharlos de dogmáticos, fanáticos, encubridores, intolerantes e ignorantes. Células de tipo paramilitar y de confesión ideológica enseñan su cara al hacer pintas y profanar los espacios públicos religiosos. Los hechos en la Catderal de Santa María de La Almudena muestran que no son capaces de respetar, de manera más lógica y elemental, la vida de niños, ancianos o cualquiera que se encuentre manifestando su fe de forma pacífica y segura.

La violencia en México ha hecho que narcos, sicarios y delincuentes se alejen, sea así dicho, de ese código de respeto por la vida de los niños y ancianos y los lugares santos como fue la profanación de la catedral de Culiacán, Sinaloa, el 3 de mayo de 2012, o que los encargados de templos, en algunas regiones de México, deban pagar cuotas a cambio de protección y seguridad de capos y sicarios como denunció, el 20 de enero, el obispo de Nezahualcoyotl, Mons. Luis Héctor Morales Sánchez, ante las amenazas de muerte del crimen organizado a sacerdotes de su diócesis.

Hoy 7 de febrero, lamentamos la muerte de otro sacerdote de forma violenta uniendo su nombre al de los miles de mexicanos que han perdido la vida a causa de la inseguridad y de la incapacidad de las autoridades por no saber atender y prevenir el delito frente a las voces y advertencias de obispos, sacerdotes y laicos ante estas agresiones.

Como católico mexicano lamento los hechos de España. Nada justifica que un grupo terrorista demuestre desprecio y odio, minusvalorando la vida de los creyentes para reivindicar su fanático dogmatismo y proclamar el fin de la Iglesia o del sistema político; como ciudadano mexicano me indigna la muerte de otro sacerdote, un anciano que no pudo defenderse ante la agresión y violenta premeditación para asaltarle, golpearle sádicamente y asesinarle ante el asombro de creyentes y personas de buena voluntad quienes sabemos muy bien que ninguna persona debe dejar de existir de manera absurda e irracional.

Como ciudadano y católico lamento el estado de cosas a las que estamos llegando. Ni España ni México pueden preciarse de ser sociedades justas, democráticas y, sobre todo, tolerantes: El odio a la fe, la persecución, la irracionalidad y la violencia sólo cancela esos anhelos de la sana laicidad a la que deben aspirar nuestras naciones.

Guillermo Gazanini Espinoza. CACM

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