CCM

La fe de los mexicanos en la Guadalupana

Con motivo de la fiestas guadalupanas, en esta ocasión no reflexionaremos sobre la fe de un personaje bíblico en particular, sino que profundizaremos en la fe que tiene el pueblo mexicano en su Virgen Morena.

México Guadalupano

Vivo a tres cuadras de la calzada de Guadalupe y cada año me toca ver, el 11 de diciembre, el río de gente que se acerca a la Basílica a visitar a la Virgen. Un río caudaloso que no cesa en su fluir durante todo el día y toda la noche. Me gusta ver los rostros de las personas que peregrinan, rostros llenos de gozo, iluminados por el canto y por la sonrisa. Los habitantes de las colonias aledañas se preparan para recibir y servir a los peregrinos; familias enteras trabajan haciendo tortas, muy bien preparadas, que irán a repartir gratuitamente a los visitantes. Ellos no irán esta noche a la Basílica: “preferimos dejarle el lugar a los que vienen de fuera y nosotros la visitaremos otro día”.

Todas las avenidas que rodean la Basílica son otros ríos caudalosos de peregrinos que llegan de todo México, y estos ríos desembocan en ese templo que es el corazón de la patria. Allí se forma un océano. Las autoridades calculan que cada año visitan a la Virgen unos seis millones de fieles tan sólo en estos días. A lo largo del año, la Basílica nunca está sola. Dicen que es el segundo templo católico más visitado en el mundo, después de la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Yo dudo mucho que el Vaticano tenga tantos visitantes como la Basílica de Guadalupe. Sí, México es guadalupano.

¿México Guadalupano o Cristiano?

A nuestros hermanos sectarios les encanta atacar a los católicos porque “adoramos” a la Virgen; según ellos, no somos cristianos, sino idólatras guadalupanos.

A nuestros hermanos sin religión, que se sienten científicos, les gusta decir que no veneramos a la Madre de Jesús, sino que “adoramos” a la diosa Tonantzin, “nuestra madre”, cuyo templo se encontraba en el Tepeyac antes de la conquista. Se basan en que los indígenas de habla náhuatl llaman así a la guadalupana.

La Arquidiócesis de México, deseosa de escuchar la voz de los mexicanos, realizó una encuesta encargada a un equipo de peritos que saben lo que hacen y que es perfectamente válida como documento de conocimiento de la culturas religiosas en la Ciudad de México, y cuyos resultados preliminares se nos dieron a conocer en la XVIII Asamblea Arquidiocesana celebrada del 29 de noviembre al primero de diciembre pasados.

De ella tomo este dato que responde a nuestras inquietudes sobre la fe del mexicano: cuando se les preguntó a los encuestados sobre su principal devoción, contestaron el 81% que es Dios o alguna Persona de la Santísima Trinidad; el segundo lugar lo ocupa la Virgen María; especialmente en su advocación de Guadalupe y el 7.3% contestó que los santos, entre los que sobresale san Judas Tadeo, que es el santo más popular.

Con estos datos podemos contestar que la fe del católico mexicano está puesta primordialmente en Dios, y de manera especial en Jesucristo. Que el pueblo católico sabe muy bien que la Virgen de Guadalupe es la Virgen María de Nazaret, Madre de Jesús, “nuestra madre”.

Recuerdo que hace unos doce años, cuando desempeñaba mi ministerio en la Basílica de Guadalupe, unos antropólogos canadienses se dedicaron a preguntar a los visitantes de la Basílica que para ellos quién era la Virgen de Guadalupe. Estos quedaron admirados porque el resultado de su estudio fue categórico: los peregrinos saben que la Virgen de Guadalupe es la Madre de Dios.

No digan, pues, que hay idolatría en la fe del pueblo, aunque éste no sepa usar con propiedad las palabras teológicas. Nuestro pueblo dice que “adora” a la guadalupana, porque para nosotros adorar significa “amar mucho” y, así, los cantantes dicen “yo te adoro, vida mía” y hasta hay algunos que adoran tal o cual platillo.

Así es que, estimados hermanos sectarios, los católicos no adoramos a la Virgen porque sabemos que Ella no es Dios, sino la Madre de Jesús.

La casita de la Virgen

Nuestra Señora le pidió a Juan Dieguito una casita en el Tepeyac en donde pudiera oír y remediar lo que aflige a todos los habitantes de estas tierras y a sus amadores. Y Fray Juan de Zumárraga y los demás obispos mexicanos le construyeron una casa que es la casa de todos. Pero el pueblo le construyó casa en cada pueblo, en cada hogar y en cada corazón, no sólo de los mexicanos, sino de los latinoamericanos que la celebramos como nuestra madre.

Históricamente la imagen sagrada ha sido signo de unión para los mexicanos y lo sigue siendo. En cada lugar donde hay mexicanos encontraremos siempre la imagen guadalupana como bandera y signo que nos reúne y anima. Ella es parte de la identidad cultural, es raíz, es tierra fértil en la que germinó la fe de nuestro pueblo.

El Tepeyac, para México, es nuestro Belén, en donde de la Virgen María nos nació un redentor.

El milagro guadalupano consiste en que los indígenas mexicanos se hicieron cristianos a través de la guadalupana, y ese milagro sigue realizándose día a día porque hemos puesto en las manos de Maríanuestra fe. Los mártires de la persecución morían con el grito de “¡Viva Cristo Rey y santa María de Guadalupe!”, y ese grito es el resumen de nuestra fe.

Fuente: Siame.mx

Share: