Internacional

“La libertad religiosa a la luz de los derechos humanos”

Parte II.

El desarrollo del Derecho Humano de Libertad Religiosa. Reconocer la tríada de libertades: pensamiento, conciencia y religión

La nota común de los Documentos Internacionales, estriba en reconocer la tríada de libertades: pensamiento, conciencia y religión, este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia. Dicho de otro modo, no se conceptualiza el derecho de libertad religiosa, pero se establecen sus manifestaciones y su carácter fundamentalmente individual y comunitario; en otros términos, estamos en presencia de un derecho humano que precisa una legislatio libertatis, propia de los derechos humanos de libertad, fundados en la eminente dignidad de la persona humana, expresión que retomamos de la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos y que a la postre, el Concilio Vaticano II le dedicó su última Declaración conciliar.

Dejamos atrás la tipificación de la libertad religiosa en los Documentos Internacionales del Sistema de Protección Universal de las Naciones Unidas, con la advertencia que no son todos los documentos que tratan sobre este derecho, los antes enunciados sólo representan los más significativos, pero de ningún modo agotan su amplia protección y reconocimiento, entre otras cosas, porque aún sin lograr un acuerdo sobre una Convención Internacional de la Libertad Religiosa, los esfuerzos de la comunidad internacional, son cada vez más cercanos a su reconocimiento y protección y varios documentos emanados de esa comunidad de naciones.

Por otra parte, en el Sistema Interamericano de protección de los Derechos Humanos, destacan la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (Bogotá 2 de mayo 1948) y la Convención Americana o Pacto de San José de Costa Rica (22 de noviembre de 1969) al tenor del artículo 12[1], se concretizan una serie de manifestaciones que hacen entendible y exigible su reconocimiento, garantía y promoción en esta el continente Americano. Existen países de nuestro Continente con regulación novedosa, en materia de libertad religiosa, por ejemplo, Brasil, en el artículo 5° números 6 y 7 establece: “Es inviolable la libertad de conciencia y de creencia, estando asegurado el libre ejercicio de cultos religiosos y garantizada, en la forma de la ley, la protección de los locales del culto y sus liturgias”. “Queda asegurada, en términos de la ley, la prestación de asistencia religiosa en las entidades civiles y militares de internamiento colectivo”. “Nadie será privado de derechos por motivo de creencia religiosa o de convicción filosófica, política, salvo si se las invocara para eximirse de la obligación legal impuesta a todos y rehusase cumplir la prestación alternativa fijada por la ley”.

Asimismo, la Constitución de Bolivia de 2009, separó a la Iglesia católica del Estado, en su preámbulo habla de la Sagrada Madre Tierra (Pachamama), en el artículo 4° expresa: “El Estado respeta y garantiza la libertad de religión y de creencias espirituales, de acuerdo con sus cosmovisiones. El Estado es independiente de la religión”. Coincide con la Convención Interamericana en cuanto al reconocimiento a las naciones y pueblo indígenas a su identidad cultural, creencias religiosas, espiritualidades, prácticas y costumbre, a su propia cosmovisión (art. 30. II. 3).

A semejanza de la anterior, la Constitución Ecuatoriana de 2008, en el preámbulo invoca a la Pachamama. En el artículo 3° inciso 4) dice: “Son deberes primordiales del Estado: garantizar la ética laica como sustento del quehacer público y el ordenamiento jurídico. No obstante, los casos boliviano y ecuatoriano, han servido para justificar el apuntalamiento del pachamamismo con un cariz ideológico, más que la libertad religiosa.

La Constitución de Venezuela de 1999, en su preámbulo “invoca la protección de Dios”, en el artículo 21, inciso 1), prohíbe la discriminación por causa de credo, en el artículo 59 dispone:

“El Estado garantizará la libertad de religión y de culto. Toda persona tiene derecho a profesar su fe religiosa y cultos y a manifestar sus creencias en privado o en público, mediante la enseñanza u otras prácticas, siempre que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres y al orden público. Se garantiza, así mismo, la independencia y la autonomía de las iglesias y confesiones religiosas, sin más limitaciones que las derivadas de esta Constitución y de la ley. El padre y la madre tienen derecho a que sus hijos o hijas reciban la educación religiosa que esté de acuerdo con sus convicciones. Nadie podrá invocar creencias o disciplinas religiosas para eludir el cumplimiento de la ley ni para impedir a otro u otra el ejercicio de sus derechos”.

La situación del Derecho de Libertad Religiosa en México

A todo lo anterior, podemos preguntarnos ¿el Estado mexicano ha incorporado en su legislación tanto el principio como el derecho de libertad religiosa? ¿Dónde ubicamos el caso mexicano? ¿Estamos ante un Estado de legislatio libertatis o de restricción a este derecho fundamental?

Cabe advertir que en la pasada reforma al artículo 24 constitucional el legislador sólo limitó a sustituir “libertad de creencias” por “libertad de convicciones éticas”, haciendo una mención de la libertad de culto y a las ceremonias propias de esta manifestación a la que confundió con el derecho de libertad religiosa, para sentenciar que nadie puede utilizar “los actos públicos de expresión de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política”. Esto es lo mismo que decir que no se avanzó en un reconocimiento pleno del derecho de libertad religiosa, menos aún de sus manifestaciones de conformidad con los Documentos Internacionales de los que hemos dado cuenta anteriormente. Por el contrario, ahora se restringe la libertad de expresión, no sólo de los ministros de culto sino de toda persona que con motivo de su libertad religiosa pretende hacer cualquier comentario relacionado con la política partidista, ya sea haciendo proselitismo o propaganda.

Desde el año de 1992, cuando se sucedieron las reformas constitucionales que permitieron, entre otras cosas, el “otorgamiento” de personalidad jurídica a las iglesias a través de la figura de la “asociación religiosa”, hasta la mencionada reforma de marzo del presente año, se pude observar que la preocupación del legislador no parece haber sido tanto regular un amplio régimen de libertad religiosa para todos, creyentes de una u otra religión, o no creyentes, cuanto más bien determinar los límites que debían ponerse a la influencia eclesiástica.

En definitiva, mientras no sean superados los prejuicios históricos y atavismos ideológicos, la libertad religiosa no será una realidad en nuestro país. Por más que la reforma a la Constitución, del 10 de junio del pasado año, la cual permite el reconocimiento pleno de los Derechos Humanos incorporados en los Tratados Internacionales, suscritos y ratificados por el Estado mexicano, si no hay la voluntad política para cumplir el derecho de libertad religiosa, ésta será una mera buena intención.

¿Qué pueden esperar las religiones establecidas en México con los cambios a los artículos 24 y 40? Además de todo lo anteriormente dicho, la redacción del párrafo primero del artículo 24, sustituyó la “libertad de creencias” por “libertad de convicciones éticas” sin precisar cuál es el significado de éstas. La inclusión de la “libertad de convicciones éticas”, puede tener algún aspecto positivo, bien interpretada, serviría para evitar que la libertad de «pensamiento» de los documentos internacionales resulte trivializada como hasta el día de hoy. La anexión de la palabra “laica” como característica de la República mexicana en el artículo 40 constitucional, era irrelevante, ya que el Estado mexicano es laico de conformidad con el artículo 3° de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, además del principio constitucional de separación del Estado y las Iglesias contenido en el artículo 130 constitucional.

[1] Artículo 12:

  1. Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión. Este derecho implica la libertad de conservar su religión o sus creencias, o de cambiar de religión o de creencias, así como la libertad de profesar y divulgar su religión o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado.
  2. Nadie puede ser objeto de medidas restrictivas que puedan menoscabar la libertad de conservar su religión o sus creencias o de cambiar de religión o de creencias.
  3. La libertad de manifestar la propia religión y las propias creencias está sujeta únicamente a las limitaciones prescritas por la ley y que sean necesarias para proteger la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos o los derechos o libertades de los demás.
  4. Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.
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