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Los motivos de la Iglesia para la construcción de la paz.

Quiero seguir insistiendo en el tema de la Paz, con la convicción de que la construcción de la paz es una tarea que la Iglesia realiza como parte de su misión espiritual de anunciar el Evangelio, el cual tiene implicaciones sociales. Los obispos mexicanos hemos manifestado nuestro absoluto interés en comprometernos en la construcción de la paz, a partir de motivaciones de orden pastoral. Tenemos nuestros motivos para ello. La exhortación pastoral Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna ofrece una visión de lo que la Iglesia concibe como su contribución específica al lado de otros actores sociales con quienes pretendemos compartir el interés en superar la violencia, que se ha instalado con todas sus formas en la sociedad. De hecho, con mis hermanos del episcopado mexicano hoy quiero acércame a la realidad de la violencia en Acapulco y Guerrero con ojos y corazón de pastor. Quiero acompañar en el camino de la vida a los hombres y mujeres de nuestro tiempo y compartir sus esperanzas, sus logros, sus anhelos y frustraciones; por ello, al ocuparme de los desafíos que la vida social, política y económica plantea a la vocación trascendente del hombre, no lo hago como expertos, ni como científicos o técnicos, no es esa mi competencia; lo hago como intérprete y confidente de los anhelos de muchos hombres y mujeres, especialmente de los más pobres y de los que sufren por causa de la violencia. Me duele profundamente la sangre que se ha derramado: la de los niños abortados, la de las mujeres asesinadas; la angustia de las víctimas de secuestros, asaltos y extorsiones; las pérdidas de quienes han caído en la confrontación entre las bandas, que han muerto enfrentando el poder criminal de la delincuencia organizada o han sido ejecutados con crueldad y frialdad inhumana. Me interpela el dolor y la angustia, la incertidumbre y el miedo de tantas personas y lamento los excesos de los delincuentes y de todos los que generan la violencia y la inseguridad. Me preocupa además, que de la indignación y el coraje natural, brote en el corazón de muchos acapulqueños y guerrerenses la rabia, el odio, el rencor, el deseo de venganza y de justicia por propia mano. Invito a toda nuestra Iglesia a discernir lo que debemos hacer en las circunstancias que vivimos en nuestro estado. Espero que movidos a la compasión evangélica nos sintamos impulsados a acercarnos a los que sufren, para ofrecerles el consuelo de la fe, la fortaleza de la esperanza y el bálsamo de la caridad. La construcción de la paz como política de Estado. Se ha hablado que el proyecto del nuevo gobierno del Estado de Guerrero pretende promover una nueva constitución política que recoja las aspiraciones legítimas de todos los guerrerenses, que mejore las condiciones de vida y que establezca reglas bien definidas para superar los rezagos sociales, políticos y económicos que sufrimos. En este momento tenemos una magnífica oportunidad para que en el proyecto de gobierno, y, si fuera el caso, en la nueva constitución el gobierno hiciera un compromiso serio para construir la paz, tan amenazada de diversas formas en nuestra región. La construcción de la paz debiera ser un eje transversal del proyecto de gobierno y de cuanta legislación se promulgara, creando las condiciones para que todos los guerrerenses podamos participar en un desarrollo incluyente que ofrezca opciones para todos. Será oportuno reflexionar sobre las reformas necesarias a la arquitectura institucional del Estado de derecho, de manera que los derechos económicos, sociales, culturales, además de los civiles y políticos, los ambientales, culturales y de libertad religiosa, tengan garantía constitucional y sean exigibles y justiciables por la sociedad civil. Será importante que el estado legisle con mayor eficacia institucional, que asuma la gestión de lo público para el beneficio social y comunitario y que promueva la participación de la sociedad en la gestión social. Con oportunidad se podrá replantear el papel que tiene el Estado en la construcción del bien común. Esperamos que si se emprende la tarea de crear esta nueva constitución política, este tema sea tomado en cuenta con la urgencia que tiene en nuestro contexto social, donde las amenazas a la paz se han vuelto parte de la vida cotidiana de los guerrerenses y obstáculo permanente para el desarrollo de nuestros pueblos.

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