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Gobierno estadounidense financia programas de “trabajo sexual” juvenil.

Un programa financiado por el gobierno de Estados Unidos utiliza dinero destinado a ayuda financiera para normalizar la explotación sexual comercial de jóvenes en el mundo en desarrollo. Bajo el pretexto de brindar servicios de salud para «la gente joven que vende sexo», el Interagency Youth Working Group se afana por normalizar la explotación sexual de jóvenes, según denuncian los críticos. El programa, financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, se centra en fomentar «intervenciones para reducir riesgos de salud» que enfrentan las jóvenes involucradas en el «trabajo sexual comercial». El programa describe una serie de amenazas que atentan contra el bienestar de las jóvenes prostitutas e incluye la discriminación. Además, exige cambios en las normas sociales y en las políticas públicas en vez de hacerlo respecto del comportamiento de las «trabajadoras sexuales». Los críticos aseguran que tales estrategias no encaran el problema de fondo, que es la explotación sexual comercial. Dicen que el enfoque en la provisión de servicios de salud para las «trabajadoras sexuales jóvenes» es meramente un abordaje basado en la reducción de daños que sólo aminora los perjuicios que ellas enfrentan en el peligroso mundo de la prostitución. Laura Lederer es una de las críticas de esta estrategia, y no es ajena al tema. Lederer, que se inició en el sector no gubernamental, desempeñó un papel decisivo en la escritura y aprobación de la Ley de Protección de las Víctimas de la Trata de Personas que ordenó la creación en Estados Unidos de la Oficina del Departamento de Estado para Vigilar y Combatir la Trata de Personas. Siendo asesora senior del subsecretario de asuntos exteriores del Departamento de Estado, viajó a más de 50 países para ver el problema con sus propios ojos visitando barrios bajos, refugios y proveedores de servicios para las víctimas del tráfico de personas. En la actualidad, preside Global Centurion, organización dedicada a combatir la demanda del comercio sexual. Lederer asegura que el enfoque en la reducción de daños y en la normalización no responde al problema de la explotación sexual, que presenta múltiples niveles. El dr. Jeff Barrows, médico experto en el tema, dice que estos abordajes son como «poner una venda a un niño en un edificio en llamas y alejarse de allí». Lederer añade: «Nosotros debemos encontrar el modo de sacar a los niños del edificio en llamas». Algunos dicen que las jóvenes indigentes se están involucrando en lo que llaman «sexo de supervivencia». Lederer responde que ellas, también, son víctimas de la explotación sexual comercial. Lederer considera que la presión ejercida para normalizar el «trabajo sexual juvenil» es parte de un debate mayor sobre si la prostitución debería ser considerada como un trabajo. Afirma que una parte crucial de esta polémica es la pregunta sobre si todas las cosas son para la venta. Ella asegura que el hecho de que los países desarrollados como Estados Unidos donen órganos humanos y sangre en vez de venderlos indica que «categorizamos las cosas de modo que podamos proteger nuestra humanidad», y que convertir al cuerpo humano en un artículo de consumo a través del «trabajo sexual» se aparta del respeto a la dignidad de cada persona humana.

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