La columna del Obispo

La Columna del Obispo: TODOS CONTRA TODOS

1. El diagnóstico sobre la situación de nuestro país es muy claro y está muy bien definido. Los graves problemas que nos afectan son: pobreza, desigualdad, impunidad, corrupción y violencia. Analistas políticos y funcionarios públicos repiten las mismas denuncias. Pero a pesar de las denuncias y los esfuerzos que supuestamente hace el gobierno para remediar estas situaciones, no sólo no avanzamos en las soluciones, sino parece que vamos para atrás y que los problemas se agravan. 2. Creo, sin embargo, que no hemos llegado al fondo de estos problemas. No hemos investigado seriamente ni las causas ni las posibles soluciones. Nos hemos quedado en la sintomatología de nuestras enfermedades. No hemos sido capaces de entender lo que nos ha llevado a esta crisis social y política. 3. Hablamos en otros términos de una descomposición social, de una pérdida de valores, de la pésima calidad de la educación, de los efectos deletéreos de la globalización, de la crisis financiera mundial, del cambio climático, de los desastres naturales, de la falta de oportunidades para los jóvenes, del desempleo, del comercio informal, del abandono del campo. 4. ¿Qué nos ha pasado? ¿Qué hemos dejado de hacer? ¿Será que nuestro destino es el de ser una nación siempre rezagada y deprimida? Estamos siempre buscando culpables: es el gobierno que ha sido incapaz de asegurar un desarrollo sustentable, es nuestra dependencia de los Estados Unidos, es el Congreso que no aprueba las reformas necesarias, es la naturaleza que nos castiga con inundaciones y desgajamiento de cerros, son los partidos políticos que sólo buscan sus intereses partidistas y los privilegios personales, es el precio de nuestra democracia que no termina por consolidarse. 5. Se ha celebrado el bicentenario de la independencia y el centenario de la revolución. Intelectuales y académicos han cuestionado mucho estas celebraciones y se ha criticado el gasto que implicaron estos festejos. El pueblo, en cambio, disfrutó la celebración. Le sirvió de relax. La gente (¿qué connotación tiene esta palabra?) disfrutó de las fiestas. Pero esto es sólo un respiro de alivio ante la tensión y la incertidumbre del futuro. ¿Por qué sólo mirar hacia atrás, revalorizando a nuestros héroes y exaltando glorias y epopeyas pasadas? ¿Por qué no mirar hacia el porvenir y delinear un proyecto a futuro? 6. Es difícil encontrar las verdaderas causas de estas crisis y más vislumbrar sus soluciones. Pero podemos insinuar algunas claves para entender las raíces de los problemas. Y podemos plantear algunos posibles medios de solución. 7. En la cultura del mexicano hay algunas constantes: temperamento introvertido sentimental y melancólico, espíritu profundamente religioso, sentido de la fiesta, cultura de la ilegalidad, valoración de la familia y de la ayuda solidaria. De estos rasgos habría muchos ejemplos. Pero cada uno de ellos tiene sus manifestaciones en la vida social. 8. Para no seguir “ad infinitum”. Creo que hay una clave de interpretación definitoria: el mexicano es una persona muy egoísta. El deporte que más nos gusta practicar es el del palo encebado. El palo encebado consistía en un palo afirmado en el suelo, de 10 a 15 metros de altura, cubierto de manteca, aceite o grasa, con el fin de hacer más difícil el ascenso de los participantes. En la cima del palo se colocaban varios premios, que debían ser conquistados por alguno de los participantes. El truco para ganar consistía en esperar que los primeros participantes en turno fracasaran, dejando el palo limpio de grasa. 9. Para concluir. El problema de fondo de nuestro País es que los mexicanos (todos) tratamos siempre de descalificar al otro, de denigrar al que consideramos nuestro rival. Así nos encontramos con que el Ejecutivo está contra el poder Legislativo y el Judicial, el Legislativo contra el Ejecutivo, los Partidos todos contra todos, los ciudadanos contra su gobierno, el Estado contra la Iglesia y la Iglesia contra el Estado, los Sindicatos contra el Gobierno y el Gobierno contra los Sindicatos y así en todos los casos. ¿No podremos nunca coincidir? 10. Hemos perdido el sentido de lo humano, nos hemos deshumanizado. Necesitamos empezar por recuperar nuestra identidad a partir de lo más esencial de nuestro ser. Somos seres humanos, somos personas, somos iguales, tenemos un mismo origen, corremos juntos una misma suerte y tenemos un mismo destino. Ninguno se basta a sí mismo. Dependemos de los demás. Somos hermanos, tenemos un mismo Creador y Padre de quien hemos recibido el don de la vida. Sin esta conciencia de nuestro ser, de que somos seres humanos y personas, de que existe una íntima y profunda solidaridad de todos los humanos, no podremos avanzar, no entenderemos lo que significa el bien común, la patria, la nación ni tendremos un proyecto común.

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