La columna del Obispo

Columna del obispo: RECONSTRUIR EL PAÍS

1. En México todos queremos salir de la actual crisis que nos afecta. Queremos vivir en paz. Superar los catastrofismos, la confusión, el caos. ¿Por dónde empezar? He aquí la pregunta. Nos debe quedar claro cuáles son los pasos que tenemos que ir dando en busca de solución a los problemas y con qué prioridades. No podemos resolver todos los problemas al mismo tiempo ni con la prontitud que quisiéramos. 2. Parece una tarea inabordable. Continúan las discordias personales, entre partidos políticos que se vuelven públicas confrontaciones y conflictos aparentemente insolubles. La necesaria discusión de los asuntos, se sustituye por la polémica estéril, llegando a las descalificaciones e insultos. 3. Como consecuencia, el Congreso cae en un inmovilismo. Las reformas se plantean, se discuten, se organizan foros y consultas, pero siguen sin realizarse y ponerse en práctica. El País no puede esperar y los cambios indispensables deben hacerse con prontitud. 4. Combate a la pobreza, educación, salud, alimentación, vivienda, seguridad, transporte, comercio, comunicaciones, atención al campo, investigación científica y tecnológica. Son muchos los frentes y cada una requiere una estrategia y unos objetivos precisos, sabiendo por dónde empezar y a dónde queremos llegar. Tener una ruta crítica a seguir para cada sector y unos plazos bien definidos. 5. México es un país que tiene un gran potencial, tanto en recursos naturales como en recursos humanos. Tenemos una historia, nuestras tradiciones, nuestra cultura, nuestros valores, pero necesitamos definir nuestra identidad y acabar de aceptarnos plenamente, aprovechando al máximo esfuerzos e ingenio. Necesitamos destrabar los mecanismos que nos permitan despegar y empezar a conseguir un desarrollo estable y equilibrado. 6. Pero nos deben quedar claras ciertas premisas que mientras no las tengamos en cuenta, no vamos a avanzar. Estas premisas serían entre otras: *Crear en todo ciudadano una conciencia de su dignidad como persona, de la igualdad de todos los seres humanos, de los derechos y deberes de cada uno hacia los demás; *Cultivar una cultura del respeto y observancia de la ley, de la necesidad de guardar las normas fundamentales de la convivencia humana, de la disciplina y el esfuerzo para triunfar en la vida, del ahorro y sobriedad en la vida, necesaria para acrecentar los propios recursos; *Formar la conciencia del esfuerzo necesario para superar los obstáculos y ser un triunfador. *Inculcar desde la infancia los valores fundamentales: la honestidad, la verdad, la justicia, el uso razonable de la propia libertad, la solidaridad, la compasión por los que sufren, el perdón de las ofensas, la tolerancia; acostumbrarnos a decir la verdad es la base para toda relación humana, que se basa en la confianza mutua; *Pero algo, que es condición sin la cual no se logran las otras características, es comprender qué es “el bien común”. El bien común es núcleo dinámico de una visión auténtica del ser humano, es el centro de gravedad fundamental de una comunidad que quiera ser equilibrada. La búsqueda del bien común concreto se vuelve una suerte de brújula, un índice para medir urgencias y prioridades. 7. Algo que es urgente cambiar es la tendencia mediática a sobredimensionar los hechos reales que terminan por dar la imagen de un país fracasado, de un Estado fallido, que produce un estado de ánimo general negativo y una baja autoestima de nuestro País. Los comunicadores tienen que ser más profesionales. Su obligación es informar con la verdad, documentarse en fuentes seguras y confiables. 8. Hay una doble tentación en los comunicadores: la de reforzar la noticia con la imagen. Pero esto conlleva el peligro de confundir la realidad con lo virtual, es decir, de imaginar efectos mayores a los reales por el impacto de la imagen. La segunda tentación es que la descripción de los hechos se haga como si se tratara de un espectáculo ante el que se quieren suscitar emociones. Ambos riesgos nos llevan a exagerar y a deformar la realidad. 9. Debemos empezar cuanto antes. Sólo se requiere voluntad política de nuestros gobernantes y el aporte de expertos y de toda la sociedad. Pero también se requiere la conducción de un fuerte liderazgo.

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