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Celebremos con gratitud nuestra Independencia

La conmemoración del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución no puede reducirse a una celebración emotiva o idealizada sin tocar sus raíces y motivaciones profundas; no debe agotarse en un recuerdo o erudición académica de hechos, fechas y personajes históricos. Celebrar con gratitud estos acontecimientos nos interpela a asumir nuestra identidad, a reconocer y apreciar nuestras raíces en vistas a revisar nuestro presente para proyectar el futuro con esperanza. Hago referencia a nuestra reciente Carta de los Obispos de México. Los mexicanos no podemos olvidar nuestras raíces y los acontecimientos que han marcado significativamente nuestra historia. “Un pueblo logra su auténtico desarrollo cuando actúa en fidelidad a los aspectos esenciales de su identidad cultural que están en consonancia con los principios constitutivos de la persona y de su dignidad” (64). Los mexicanos no podemos negar nuestras raíces: 1- La indígena con su rica sensibilidad y valores como el sentido comunitario y el respeto a la naturaleza entre otros 2- La europea-española que dio origen a un largo proceso de mestizaje no solo étnico sino también cultural 3- La religiosa que desde las culturas prehispánicas ha dado cohesión, dinamismo y trascendencia a nuestros pueblos. Fortalecer nuestra raíz indígena nos exige admirar no solo su patrimonio arqueológico sino sobre todo valorarnos, apreciarnos e integrarnos en un enriquecimiento mutuo con las personas de las diferentes etnias presentes y vivas entre nosotros. Desde sus raíces México está marcado por un pluralismo que le exige siempre un constante esfuerzo de integración no siempre bien logrado; el mestizaje, asumido y apreciado, ha sido puente de integración, de enriquecimiento y de paz. La religión constituye el corazón de toda cultura; donde la religión se descuida, se desvía o se le margina de la vida, surgen luego expresiones de desintegración, de confusión, vacio de sentido y de trascendencia a nivel personal y social. El encuentro con el Evangelio interpeló y modeló en algún grado las culturas prehispánicas; allí están las obras arquitectónicas de tantos templos y conventos, bellas imágenes y otras manifestaciones de arte religioso, la rica religiosidad popular. La fe en Jesucristo permitió crear puentes para quienes se veían distantes y antagonistas, privilegió la reconciliación sobre el encono. He ahí el gran símbolo y obra de Santa María de Guadalupe, he ahí el motor del mestizaje que no se dio en Estados Unidos ni en Africa. El cristianismo ha configurado y continúa configurando una parte importante de la vida personal y comunitaria de los mexicanos. “Debemos valorar la búsqueda de la libertad y la identidad en la Independencia, la búsqueda de la justicia y la democracia en la Revolución Mexicana” (64). Debemos reconocer esta búsqueda comprometida, fortalecer estos valores e incorporar otros que nos permitan responder a las nuevas exigencias que actualmente afronta nuestra patria. Con esta gratitud y compromiso celebremos estos aniversarios y gritemos con la vida ¡Viva México!.

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