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Los sacerdotes en la insurgencia en Guadalajara

El cura José María Mercado de Luna (1781-1811)nació en el poblado de Teúl, en Nueva Galicia, Jalisco, el 13 de diciembre de 1781. Estudió en el Seminario Conciliar de Guadalajara y fue ordenado sacerdote hacia 1810. El obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas, fundador del hospicio que lleva su nombre en Guadalajara,lo designó como párroco de Ahalulco, y el 13 de noviembre de 1810 motivó a la independencia desde su parroquia. Luego partió rumbo al occidente de México y con tan sólo 50 hombres tomó Etzatlán;luego, con 200 voluntarios ocupó la ciudad de Tepic donde se apoderó de seis cañones, y el 1 de diciembre del puerto de San Blas, que era una plaza fortificada y estratégica por ser una puerta al exterior del país por el Océano Pacífico. Allí hizo capitular al capitán de fragata José Lavayen, Jefe del Puerto, y se apoderó de cien piezas de artillería, armamento importante en calidad y número. Por sus proezas militares, Don Miguel Hidalgo lo designó comandante y con el capitán Rafael Maldonado le envió 42 cañones para fortalecer a los insurgentes. La artillería fue montada en carretas tiradas por caballos para su mejor traslado, pero no llegaron a su destino pues al enterarse de que el Cura Hidalgo había sido derrotado en Puente de Calderón, cayó en desánimo y prefirió la artillería en las barrancas de Mochitiltic. Posteriormente, en el puerto de San Blas hubo una contrarrevolución encabezada por otro cura:Nicolás Santos Verdín, de modo que cuando el pa-dre José María Mercado trató de salvarse de la revuelta, accidentalmente cayó en un precipicio donde encontró la muerte. Lleno de rabia o tratando de hacer un extraño ritual expiatorio, el cura Nicolás Santos Verdín mandó azotar y colgar el cadáver de José María de Luna, antes de ordenar darle sepultura. Nicolás de Nava fue otro de los presbíteros adscritos al clero de Guadalajara que también se adhirió al movimiento insurgente desde 1810. Destacó por su fidelidad que lo mantuvo al lado del Cura Hidalgo, incluso cuando al frente de un diezmado ejército los principales caudillos de la independencia fueron hechos prisioneros en Acatita de Baján, Coahuila, el 21 de marzo de 1811. Don Nicolás de Nava no fue pasado por las armas,pero se le redujo al más indigno trato y soportó toda clase de humillaciones. Maniatado con grilletes y confinado en la cárcel de San Francisco de Durango, afectado por su avanzada edad y sus achaques, le orillaron a suplicar el indulto a fines de 1812, sin embargo, no lo obtuvo. Aunque se perdió todo rastro de su memoria, se supone que debió morir en la cárcel antes de consumarse la Independencia, en 1821.Del sacerdote Joaquín Oviedo se sabe que se le entabló juicio en la ciudad de Guadalajara entre 1815 y 1816, acusado de complicidad en la conspiración tramada en Zacatecas en 1814, contra el dominio español. Su sentencia fue de diez años de prisión en la fría y húmeda fortaleza de San Juan de Ulúa, en Veracruz, pero debido a su mala salud, la pena le fue reducida y cambiada por reclusión en el Hospital de San Juan de Dios, de la capital de la Nueva Galicia. Felipe de Jesús Conejo, por su parte, fue un religioso que se sumó a la causa insurgente, desempeñando el cargo de capellán de las fuerzas rebeldes. Sus adversarios lo calificaban como “faccioso y revolucionario”. Cuando fue apresado se le instruyó un juicio sumario en Guadalajara y fue condenado a muerte. El Cabildo Eclesiástico de Guadalajara solicitó su indulto y aunque el brigadier e intendente José de la Cruz le negó esta gracia, la sentencia no se ejecutó. En 1817 se acogió al indulto brindado por el Virrey Juan Ruiz de Apodaca. Estos son sólo algunos de los sacerdotes que participaron en el movimiento insurgente únicamente en el estado de Jalisco.

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