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Gobiernos y políticos, culpables del narco en México: Cardenal

Culpa, en toda la extensión de la palabra, a los Gobiernos y políticos de la presencia del narcotráfico en el país y en Jalisco, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez “la culpa máxima de todo esto habría que endosársela a los Gobiernos y a los políticos que nos han regido, pues, en términos generales, ha imperado la corrupción, la ineptitud, el despilfarro de recursos económicos, la parálisis de obras públicas, de reformas legislativas urgentes, de ataque a fondo a la pobreza y, sobre todo, se ha carecido de una aplicación recta de la justicia, permitiendo que impere la impunidad; causas capitales que han hecho proliferar la delincuencia en esta nación, creando en conjunto una nación desordenada, pobre, atrasada, que enfrenta rezagos y problemas”. Admite culpa parcial de la Iglesia, porque no ha influido en los gobernantes, así como en los padres de familia. El Cardenal de Guadalajara advirtió que ante el narcotráfico y los problemas de corrupción, “si eso sucede a nivel de autoridades e instituciones públicas, ante el ejemplo los procedimientos suelen reiterarse a nivel privado, entre empresarios, industriales, comerciantes y prestadores de servicios abusivos, avariciosos y poco honrados. En todos los niveles, pues, las cosas se han movido y continúan moviéndose bajo la dinámica y la mentalidad de la obtención de máxima y rápida ganancia con mínimo esfuerzo”. Acepta la culpa que les toca “debo reconocer que también la Iglesia, como institución, puede ser parcialmente culpable de esta situación, ya que no hemos sabido influir de manera convincente en quienes gobiernan, política y económicamente, este país para que cumplan y respondan con sus responsabilidades, como tampoco hemos insistido lo suficiente en la obligación de los padres de familia de educar a sus hijos cristianamente; ni exhortado y motivado convincentemente al Pueblo de Dios a ser fiel a las enseñanzas del Evangelio y a llevar una vida congruente con la religión que dice practicar”. Lamentó la triste situación que está viviendo México respecto a la extrema violencia que a todos “nos preocupa; de ese constante enfrentamiento entre las fuerzas del orden y los grupos del crimen organizado, que ha generado un clima de parálisis, miedo e incertidumbre en casi todo México”. Avala que emplear todos los medios para combatir a los criminales está bien. Cita que por ejemplo, le llama poderosamente la atención, que la mayoría de los sicarios enrolados en las filas del crimen organizado sean jóvenes. ¿Por qué jóvenes?, ¿por qué eligen ese camino a sabiendas de que una vez dentro de la organización no hay vuelta atrás y que la única salida será la muerte en algún enfrentamiento o a manos de los propios miembros del grupo delictivo?, cuestionó el Prelado. Se responde “lo hacen por desesperación; porque habiendo concluido sus estudios elementales o medios, se encuentran con que les es imposible ingresar a unauUniversidad, ya no digamos privada, donde se requerirían recursos sobrados para pagar sus estudios, sino ni siquiera a una universidad pública, que los rechaza masivamente por no tener cupo, a pesar de los ‘chorros’ de dinero y presupuestos que tienen asignados. Por eso tantos muchachos sin futuro ni académico ni laboral, optan por el camino de la criminalidad”. También respondería, que el origen más remoto de este reclutamiento juvenil se encuentra en el propio núcleo familiar. Desde varias generaciones atrás, ha venido descuidándose la atención a los hijos, debido, entre otras cosas, a la necesidad de que ambos cónyuges tengan que salir a trabajar para nivelar sus presupuestos ante los sueldos tan bajos con que suele remunerarse la actividad laboral. Por lo que los “hijos quedan al garete, crecen solos, andan en la calle; y lo que es peor, carecen de instrucción y de formación humana y cristiana, porque sus padres no los atendieron ni físicamente ni emocionalmente ni les inculcaron nunca la fe y los valores de nuestra religión. Ante eso, los muchachos, sobre todo de la ciudad, suplen ese vacío congregándose en bandas y pandillas, en aprendices de delincuentes, de donde fácilmente son reclutados para engrosar las huestes del crimen”. Responsabiliza también a los medios de comunicación en especial la televisión, que de día y de noche insisten en distorsionar la realidad, al ofrecer, como el máximo logro de la existencia humana, productos de lujo y niveles de vida inaccesibles para la inmensa mayoría. Las culpas las extendió a la instrucción recibida desde los primeros años en escuelas no laicas, sino ateas, de las cuales se ha desterrado todo lo referente a Dios, a la Iglesia, la fe, la moral cristiana; y aunque sin llegar a los ataques directos, de alguna manera se desprestigian esos valores y se les borra de la mente de los educandos que egresan ayunos de valores cívicos, (pues hasta las clases de Civismo habían sido borradas del plan de estudios), humanos, morales y cristianos.

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