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Cardenal en Honduras

En la actual crisis que vive el pueblo hondureño, luego de la expulsión del Presidente depuesto Manuel Zelaya y el Gobierno de facto que encabeza Roberto Micheletti, ha tomado un papel preponderante el Cardenal salesiano Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de Tegucigalpa. El Prelado ha sido señalado de asumir una postura a favor Micheletti, e incluso el gobierno cubano lo acusa de recibir un salario mensual del Presidente anterior a Manuel Zelaya. Esta acusación infundada es entendible desde la postura que se asume, y por la polémica que se ha establecido entre el Presidente venezolano Hugo Chávez (pro-Cuba) y el purpurado. Los Castro Ruz (Raúl y Fidel) y Chávez, son aliados incondicionales. El Cardenal Maradiaga es un personaje de amplio perfil. Ha acreditado estudios de piano, saxofón, armonía y composición. Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Lateranense, en Roma, antes de estudiar Psicología Clínica y Psicoterapia, en Innsbruck. Domina seis idiomas: español, inglés, francés, italiano, alemán y portugués y, apasionado del vuelo, posee el título de Piloto Aeronáutico. Se han hecho célebres sus discursos en contra de la droga y de la corrupción. Actualmente funge, también, como Presidente de Caritas Internationalis. Un dato curioso y cercano a nosotros es que compartió la Vicepresidencia de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, CELAM, con el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, octavo Arzobispo de Guadalajara. La intervención de Hugo Chávez en el conflicto del país centroamericano es evidente por los fuertes intereses económicos que tiene en Honduras, gracias al petróleo que vendía (porque ya ha suspendido el suministro) a dicha nación. En efecto, por un ventajoso acuerdo petrolero, casi la mitad de los energéticos consumidos por ese pueblo pasó a depender del mandatario venezolano. Ahora, éste paró los 20 mil barriles diarios de combustible que eran enviados a esa región, que equivalen ¡al 100 por ciento que utilizan las plantas térmicas generadoras de electricidad! Como alguien escribió: “Hugo Chávez empuñó el arma petrolera (más eficaz que sus bravuconadas) contra los enemigos de su nuevo socio derrocado, y cortó unilateralmente los suministros de crudo”. Así es su amenaza y su presión. Ante esta situación, Mons. Darwin Andino, Obispo Auxiliar de Tegucigalpa, señaló que se sentía la mano del Presidente venezolano, “y el país no puede entregarse al ‘chavismo’ ni a nadie, pues queremos seguir siendo libres e independientes”. Por su parte, el Cardenal Rodríguez Maradiaga criticó a Chávez, porque “se siente como un dios y con derecho a atropellar a todas las demás personas, bajo una soberbia que ya se ha visto en la historia de otros dictadores”, y le pidió apertura al diálogo y a la crítica. De hecho, el Ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, había pedido al purpurado que mediara ante los distintos sectores políticos y civiles para evitar que hubiera enfrentamientos, y que llevara a cabo una “labor de buenos oficios”, por la autoridad moral que posee en el país centroamericano. La respuesta de Chávez no se hizo esperar, y refiriéndose a Rodríguez Maradiaga, lo catalogó como “otro loro del imperio, ahora vestido de cardenal; es decir, otro payaso imperialista”. Lo acusó de que servía a intereses de Estados Unidos. Luego, el purpurado hondureño declaró a Radio Vaticana que “la Iglesia no está de parte de nadie y sólo busca la reconciliación, la paz y, sobre todo, el entendimiento a través del diálogo”, y aseguró que “quien ejerce la violencia, perecerá en la violencia”. En este desafortunado marco, en nombre de los Obispos de México, el Presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Carlos Aguiar Retes, luego de expresar su cercanía a través de la oración y la solidaridad con el pueblo hondureño, señaló que, por “las declaraciones hechas por la Conferencia Episcopal de Honduras, comprendemos las causas y factores que han provocado las decisiones tomadas por los Poderes Legislativo y Judicial del país. Nadie mejor que los mismos hondureños sabe cómo se han dado estos tristes acontecimientos y, por ello, nos extrañan las voces que desde fuera reclaman una vuelta a la normalidad, sin examinar a fondo lo que ha provocado la situación”.

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