CCM

NO TE HAGAS BOLAS

Si queremos salir de esta vida confusa, enmarañada, desquiciada si queremos levantarnos del lodazal de las mentiras, crímenes, inmoralidad necesitamos tomar los caminos sólidos y seguros de los más grandes valores. Son familias que se agrupan en torno a valores centrales: Dios y su ley (es un tema que como búsqueda recorre la obra de Tolstoi, Ana Karenina), el bien moral, la verdad, la belleza íntegra y verdadera. Dios es la plataforma donde descansan los valores, es el guía sabio de la humanidad. Su poder conduce el universo, es el guía que lo lleva con seguridad hacia su destino definitivo y feliz. Dios, el único bueno –dice un texto sagrado- crea al hombre con amor y lo conduce con sabiduría. La conducta coyuntural, convenenciera es peligrosa, engañosa. Los pecados y caprichos siempre se vuelven contra nosotros como las omisiones en el recto ordenamiento de la famosa guardería de Hermosillo. En esta coyuntura político social, por las elecciones no podemos perder de vista estos valores absolutos, universales, que deben normar la conducta de la candidatos y dirigentes sociales para cambiar de conducta política y ser creíbles, maduros, auténticos. Necesitan la conversión del corazón. Los candidatos para ser honestos y coherentes no necesitan firmar compromiso ante notario. Basta que cumplan las exigencias morales, intrínseca a su persona y a su actuar como candidatos. De igual manera debe normarse la conducta de los demás ciudadanos para servir a la democracia con sacrificio, generosidad, patriotismo, heroísmo, en conciencia, delante de Dios, Señor de la vida y de la historia. Los grandes valores guían e impulsan la conducta en los procesos sociales, para meterse en las verdaderas luchas por una convivencia digna, y defenderse de los ataques de las pseudos luchas amañadas, oportunistas, mezquinas. Ahí usan las banderas de lucha social, de los marginados, del sindicalismo pero sólo apuestan al desorden por el desorden, porque a río revuelto… Necesitamos conductas firmes, fieles al mismo valor. Así tenemos que defender el valor de la vida como valor absoluto que tiene que ver con Dios, el bien moral, la verdad, la belleza, son horribles los procesos de los abortos por cualquier forma que se use para arrancar al recién nacido de su santuario de vida. Hay que defender la vida y pedir justicia ante los 47 niños quemados, mil veces ¡Bravo! A quienes lo hacen. Pero ante los niños mucho más numerosos, víctimas de quienes operan en la clandestinidad y con la despena la ley. Hay que felicitar a quienes defienden a los niños de Hermosillo y a quienes nos callamos ante los niños que caen en el gobierno de Marcelo Hebrard o de cualquier otro. Nosotros debemos, lo hace la ley natura y lo hará ciertamente, el Justo u Supremo Juez. El momento histórico no nos permite marginarnos de la lucha por el bien común, no hay lugar para comodinos, convenencieros ni cobardes. No podemos aislarnos, cuando nos conviene, en el castillito de nuestro individualismo, egoísmo, mezquindad. Hay que defender nuestros derechos a la libre circulación por Morelia, al empleo de nuestro tiempo que nos hacen perder en el caos vial, fruto de las “tomas”. Debemos exigirle a las autoridades que cumplan su deber, para eso las elegimos, que hagan justicia a las multitudes silenciosas, honestas, dignas y no sólo a un grupito de marginales que han tomado el oficio de poner el desorden, la anarquía (que significa ausencia de poder), que gozan de impunidad. Hay que exigir los derechos de la casi totalidad de la población, eso es la democracia. Hay que exigir que se haga justicia a las conductas antisociales de grupos proporcionalmente insignificantes, de grupos marginales, la democracia no eso. Estos grupos se hacen aún menos numerosos si pensamos que muchos de sus miembros no van, los llevan. Los que los llevan, los conductores son unos cuantos. Los verdaderos responsables que provocan la indignación y el repudio de las multitudes de ciudadanos comunes y decentes se pueden contar fácilmente, ya son famosos. Hoy debemos asumir nuestra lucha sin perdernos en la confusión de tantas cosas que se dicen y se hace siguiendo las autopistas sólidas y claras de los valores absolutos. Hoy tenemos que construir el futuro que soñamos, una vida dignidad, el progreso, una calidad verdadera de vida.

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