CCM

¿Vale la pena el voto nulo?

Un grupo de ciudadanos, especialmente jóvenes, promueven en el país el voto nulo, que indica ir a sufragar, pero demostrando -dicen ellos- que ninguna de las opciones son buenas para gobernar. ¿La Iglesia tiene alguna postura al respecto? – La Iglesia Católica en estos días, por boca de la Jerarquía, es decir, de los Obispos, ha exhortado a toda la ciudadanía, especialmente a los fieles católicos, a acudir a votar y hacerlo por algún partido, a no dejar en las urnas un voto nulo. El voto válido y acudir a las urnas es un requisito fundamental de la democracia. Uno se pregunta qué intereses se esconden detrás de esa campaña del voto nulo, quién la está promoviendo por debajo, de dónde acá los jóvenes resultaron tan interesados en política, pero al revés, porque esta es la antipolítica, que pretende que las elecciones se echen a perder. Es cierto que los políticos de los distintos partidos han desilusionado al pueblo, ya que sigue la corrupción, en algunas partes hay una lentitud inmensa para resolver cualquier asunto. Además, ponen a cualquiera a gobernar o encargado de alguna dependencia y se trata de gente que no está capacitada para ello, a un doctor lo ponen en seguridad, a uno que no es ingeniero en Obras Públicas y cosas parecidas. Aquí consideran que todos son buenos para todo, como las cafiaspirinas. Hay una burocracia muy pesada que la aumentan para tener votos, misma que es cara, ineficiente y prepotente. La gente sencilla del pueblo sufre mucho por ella, se quejan porque no parecen servidores públicos sino capataces de hacienda, si se toma en cuenta la forma en como tratan a la gente y, cuando la persona solicita un permiso, le exigen una gran cantidad de requisitos que luego pierdan y se los vuelven a pedir. Esa mala costumbre tienen, de fastidiar y cansar a la gente del pueblo. Pero nos preguntamos de todas maneras qué pasaría si el voto nulo triunfara, ¿habría nuevas elecciones? ¿se organizarían otra vez las campañas? ¿Se elegirían de nuevo los candidatos? ¿En eso nos la pasaríamos, sacándole punta al lápiz hasta que nos lo acabáramos o que gobiernen aquellos candidatos que hayan obtenido muy pocos votos, lo cual significa que su gobierno no tendría legitimidad, porque la mayoría del pueblo no está con ellos, que no les dio el voto o, que los están ahora gobernando sigan durante otro trienio y que el tabú revolucionario de 1910 caiga: «sufragio efectivo, no reelección»? ¿Qué es más grave el abstencionismo o el voto nulo? – Los dos son igualmente perjudiciales para la democracia, pero considero que el abstencionismo es todavía peor, porque hay más desinterés. El que deja un voto nulo en las urnas, por lo menos acude y el abstencionista ni de eso le preocupa y eso es más grave, indica menos interés en que este país funcione. La democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo y si éste no participa no hay democracia. Con el abstencionismo o con el voto nulo no se puede dar la democracia, porque seguirán gobernando los pequeños grupos que son los partidos políticos. Estamos apenas aprendiendo a gobernarnos democráticamente. Después de 500 años por fin hubo democracia a partir del año 2000 para acá. No se puede aprender de la noche a la mañana, no se puede educar en poco tiempo a un pueblo en la democracia, pero llevarlo hacia atrás por medio del abstencionismo o del voto nulo, es criminal. Sería muy lamentable que esta democracia incipiente, imperfecta, costosa e ineficaz se acabara y volviéramos otras vez a la dictadura de partido o de caudillos. ¿En realidad la democracia en México pende de un hilo?, ya que hay ciudadanos que están inconformes, sobre todo con los partidos políticos y la forma en cómo eligen candidatos. – Pienso que sí es justo decir que la democracia en México sí pende de un hilo y que la culpa principal es de los partidos políticos que secuestraron al poder, lo tienen en sus manos, no permiten candidatos de extracción popular que no militen en el partido, aunque sean muy buenos ciudadanos y puedan ser muy buenos gobernantes; cuando van a elegir candidatos no ponen cuidado en proponer a los mejores, sino a aquellos con los que tienen compromisos y a veces resultan candidatos –como ya lo hemos visto- incapaces o incluso implicados con el crimen. Una de las graves faltas de los partidos y que les desprestigia enormemente, es permitir que cualquier candidato pase de un partido a otro, o sea, el fenómeno de los «chapulines», que no nada más divierte y pone en ridículo a las personas que lo ejercen, sino a los mismos partidos, porque se da a entender que la doctrina política o no existe o no importa; que la visión del proyecto nación que cada partido debe tener no se da o tampoco importa, que no hay ideales en el que quiere gobernar, ideales nobles de bienestar para el pueblo y que lo que hay solamente es ambición de poder y más que nada de dinero, por los jugosos sueldos, prestaciones, aguinaldos y lo que pueden agarrar allí en negocios turbios, lo cual quiere decir que campea sobre el bien común de la nación, la conveniencia personal y eso es lo que está matando esta incipiente democracia.

Share:

Leave a reply