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Saber Comunicarse

“Se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu les inducía a expresarse” (Hech 2, 4) Mons. Rogelio Cabrera López Un valor que hay que tomar en cuenta en esta época de las comunicaciones tecnológicas es, es sin duda la capacidad y la necesidad que cada mujer y cada hombre tenemos de entrar en relación. No podemos cerrarnos, es inherente a nuestra condición humana el buscar abrirnos a los otros, comunicarles lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos, etc.; y lo hacemos de diversas maneras: con nuestro idioma, con los gestos, las mímicas, las expresiones, aun con nuestro silencio expresamos algo. Pero es tiempo de preguntarnos, si realmente sabemos comunicarnos y si comunicamos realmente lo que queremos. Vivimos una época en la que los Medios de Comunicación juegan un papel muy importante en el desarrollo de los pueblos y, por ende, de la humanidad. Hay muchísima información que se distribuye, de ahí que “la revolución tecnológica y los procesos de globalización conforman el mundo actual como una gran cultura mediática. Esto implica una capacidad para reconocer los nuevos lenguajes, que pueden ayudar a una mayor humanización global. Estos nuevos lenguajes configuran un elemento articulador de los cambios en la sociedad” (Doc. Aparecida 484). Con esta afirmación nos damos cuenta, que los nuevos lenguajes nos llevan a crear nuevos códigos de comunicación; sin embargo, no podemos olvidar que los Medios de comunicación, siempre serán medios, nunca los fines, así que debemos aprender a usarlos. No basta tener los recursos tecnológicos y estar a la vanguardia, ni son los que aseguran el éxito de la comunicación, sino que implica que las personas interrelacionadas tengan la disponibilidad de hacer un buen intercambio no sólo de información, sino también de vida. Por eso, es necesario conocer y valorar esta nueva cultura, así como promover la formación profesional de los que se dedican a ella (Cfr. Doc Aparecida 486, a y b). Saber comunicarse implica por tanto tener la capacidad de expresar y de oír al otro y no perder la capacidad de dialogar. Acabamos de celebrar la XLIII Jornada Mundial de las comunicaciones sociales, El Papa Benedicto XVI, ha propuesto reflexionar el tema de las “Nuevas tecnologías, Nuevas relaciones, promover una cultura del diálogo, del respeto y de la amistad”. Se puntualiza que ante estos desafíos, las relaciones van cambiando, hay más intereses económicos, políticos, sociales, etc., y se olvidan aquellas realidades que tocan más el corazón de las personas. El Papa pide retomar nuevamente el diálogo como elemento base de toda comunicación, ya que si no es así terminaremos transmitiendo tantas cosas, pero sin comunicar nada realmente, nada de nosotros mismos. El lenguaje nos unifica y por eso, quienes convencionalmente, nos entendemos porque hablamos el mismo idioma, nos ponemos ya en línea de comunicación, pero una vez más nos debemos preguntar ¿sabemos comunicarnos? Veo cómo entre las familias, se vive como en una verdadera torre de Babel, pues cada quien habla su propia lengua desde sus propios intereses, sin escuchar y sin propósito, sólo se discute y se insulta. En la comunicación debe darse una dinámica que llamamos interactividad. Es tomar una actitud creativa y buscar en todo, la reciprocidad. No podemos exigir ser escuchados y no atender, no se puede esperar respuesta donde no hay respeto a la persona. Lo que marca la comunicación es el interés por quien está frente a mí. Si tenemos una visión clientelar de la vida, es imposible la comunicación. La relación personal no es un negocio en el que se gana o se pierde sino quien acepta al otro en su vida siempre sale enriquecido y lleno de fortaleza. El profesor, el político, el pastor de una iglesia, el papá o la mamá deben entrar en esta red de interacción y generar en su entorno un ambiente de unión. En la educación no puede transmitirse mera información sino animar la interactividad donde se les enseñe a los alumnos a exponer sus ideas con verdaderos criterios y razonamientos ponderados, y evitar la transmisión de ideas que se vuelven ideologías y estilos de vida, algunas veces, lamentablemente negativos Es preocupante como en algunos pueblos se ha llegado a perder la capacidad de comunicarse en la propia lengua y de acuerdo a la propia cultura, y en algunos casos hasta avergonzarse de sus raíces. Saber comunicarse implica por esto, conocer la propia cultura y fortalecer identidades. Hablar de comunicación no es solo hablar de los Medios Masivos, pues éstos, “no sustituyen las relaciones personales ni la vida comunitaria local”. (Doc. Apar. 489). Qué realidad tan grande sería que llegáramos a comunicarnos verdaderamente bajo el único lenguaje del amor y del respeto, aun cuando no entendiéramos una sola palabra en otro idioma y el gesto lo dijera todo; para ello es necesario impulsar esta cultura comunicativa, de tal manera que desde las familias, desde las iglesias, los grupos de amigos, se fortalezca un ambiente de verdadera comunicación, donde se escucha al otro, y se sabe proponer, donde se sabe reflexionar lo que los medios nos van transmitiendo. Sin duda que una buena comunicación nos abre el mundo y nos pone frente a él, para aportar la grandeza de nuestra propia persona y la riqueza del encuentro social.

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