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Los políticos y el crimen organizado

El operativo llevado a cabo por el Gobierno Federal en el estado de Michoacán, para aprehender a una serie de funcionarios de primera línea y a más de diez presidentes municipales, sospechosos de colaborar con el crimen organizado, nos pone frente a una dolorosa realidad que comenzó hace ya algunos años en nuestro país: los políticos coludidos con el narcotráfico. Se sabe de algunos obispos que han recibido amenazas de extorsión del grupo delictivo “La familia” a cambio de evitarles problemas y hasta atentados personales. Hasta ahora, nada han logrado estos criminales en relación con los prelados, pero sí lo han hecho con muchos gobernantes municipales, corporaciones policiacas y pequeños y medianos empresarios, quienes prefieren ceder a la extorsión antes que ver amenazada la seguridad de sus negocios o sus familias. Así operan estos grupos, esto lo saben y lo sufren todos en Michoacán y en otras partes de nuestro México. A esto debemos añadir la lista de políticos que, por conveniencias personales, están directamente involucrados con los grupos de delincuentes. Toda esta historia tiene su comienzo turbio en los años en que el poder político, en sus más altos niveles, no sólo dejó actuar a los criminales, sino que se alió con ellos. Algunos datos los ha recordado de manera balbuceante el ex presidente De la Madrid hace apenas unas semanas, poniendo al descubierto los abusos de esos gobiernos a pesar de las burdas maniobras que se implementaron inmediatamente para tratar de acallar al ex mandatario y ocultar lo inocultable: la corrupción de aquella pandilla de políticos. En ese orden, sigue como un reclamo de justicia el nunca aclarado magnicidio del cardenal de Guadalajara, Juan Jesús Posadas Ocampo, asesinato que tiene aristas muy espinosas e involucra a personajes de la más alta responsabilidad del gobierno en aquel momento, por su deliberada alteración de los hechos. Este 24 de mayo, al cumplirse 16 años del lamentable asesinato del cardenal Posadas, al elevar su oración con los fieles de la Arquidiócesis de Guadalajara, el arzobispo y cardenal Don Juan Sandoval Íñiguez, ha dicho que “el reclamo de verdad y justicia no ha sido acallado ni se ha extinguido, sino que resuena cada vez más, a medida que la gente se entera de que fue un incalificable crimen de Estado, con todas las agravantes de la ley, contra un Príncipe de la Iglesia, Pastor dedicado a su ministerio, bondadoso y firme a la vez”. Continúa diciendo el cardenal Sandoval: “Queremos la verdad. Nos hace falta la verdad. A México le hace falta la verdad, hoy más que nunca, cuando se han incrementado la violencia y la impunidad, que tal vez, si se hubieran atajado a tiempo, si se hubiera expuesto a los autores de este magnicidio que enlutó a la Iglesia y ofendió gravemente al pueblo de Jalisco y de México, no estaríamos sufriendo de manera tan vergonzante”. Hablar del cardenal Posadas, 16 años después, no es sólo por ociosidad histórica o una necedad sin sentido, sino porque sigue teniendo una enorme implicación con nuestra realidad actual, como ha quedado demostrado. México no tiene otra salida que seguir enderezando lo que una vez se torció. Como sociedad, la única salida es buscar la verdad de los hechos pasados y la justicia en los acontecimientos presentes. La participación de las Fuerzas Armadas Mexicanas en esta lucha, nos muestra el compromiso en la búsqueda del bien de nuestra patria. Aquí no se trata de asuntos partidistas, sea cual sea el partido o la ideología, sino que se trata de todos nosotros: volver a recuperar la dignidad de los mexicanos frente al mundo, y la seguridad y la honestidad entre nosotros. No hay camino de regreso, o terminaremos destruidos por los delincuentes y malos mexicanos.

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