CCM

ELECCIONES, TIEMPO DE PARTICIPACIÓN

Una democracia se construye con la participación de los ciudadanos, con las propuestas de los partidos y las reglas o leyes que van forjando instituciones. Los ciudadanos actúan cada uno por su lado o bien participando en asociaciones civiles con distintas finalidades para organizar mejor a la sociedad. Los partidos políticos representan diversidad de ideologías, propuestas claras en torno a la solución de los problemas económicos, sociales y políticos, son fundamentales en para la realización eficaz y ordenada de la democracia. La sociedad se puede identificar con unos y distanciar de otros, pero no puede prescindir de todos. Las leyes son los instrumentos siempre perfectibles para dar certeza y equidad a la lucha partidista de la democracia y la consiguiente participación ciudadana. De aquí nacen las instituciones que fortalecen a las naciones y las proyectan hacia el desarrollo del bien común. Sabemos muy bien que nuestro ambiente político mexicano está tratando de forjar una democracia auténtica y sólida, donde unos y otros debemos estar comprometidos para madurar en nuestras formas e instituciones. No ha sido fácil para nuestro país salir de una experiencia de autoritarismo gubernamental y corporativismo social donde la participación de los ciudadanos estaba anulada en los hechos. Nadie puede poner en duda que desde el año 2000 el esquema ha cambiado notablemente para bien de la democracia y la participación. Por ello debe ser motivo de preocupación cuando se dan fenómenos de abstencionismo, que no es otra cosa que la indiferencia y la falta de compromiso ciudadano para construir un país por medio de su participación activa, consciente y convencida de los valores que aprueba o desaprueba con su voto. Pero también debemos sentirnos más preocupados cuando algunos personajes influyentes en la opinión pública y algunas asociaciones civiles promueven el voto nulo, el voto en blanco, frente a las próximas elecciones, como una muestra de “hartazgo y de rechazo a los partidos y a sus propuestas”. ¿Cómo podemos hablar de hartazgo cuando a penas comenzamos a construir una democracia? ¿Cómo podemos rechazar “en bloque” a los partidos políticos cuando hay tanta diversidad de opciones? ¿Cómo pasar por encima de las instituciones si apenas las estamos construyendo? Invitar al voto en blanco en pleno proceso democrático no solo es una ingenuidad política sino también una falta de seriedad en el compromiso ciudadano para construir una mejor sociedad. Es una propuesta que da la razón a los líderes desencantados con las reglas de la democracia, que invitan a la sociedad a destruir las instituciones para volver a la dictadura de un solo partido y de un solo personaje por encima de la ciudadanía y de las organizaciones sociales, o bien, a la demagogia del gobierno “del pueblo” sin estructuras ni reglas. Nuestros obispos mexicanos han insistido con toda razón en la importancia que tiene la expresión de los votos en las urnas, orientando la voz ciudadana hacia opciones que tengan un sentido y sean congruentes con los valores y principios que orientan la propia vida. La democracia se fortalece con opciones que dan sentido y no con votos blancos y nulos que solo expresan decepción, sin proponer nada claro.

Share:

Leave a reply