Editorial

Vida tras la muerte

La esperanza de todo creyente es la vida después de la muerte, que quiere decir la «Vida Eterna», recordó el Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Don Juan Sandoval Íñiguez.

En este mundo estamos de paso, como ya es sabido y, todos sin excepción, llegaremos a la vida eterna.

Para algunos será llena de felicidad junto a Dios Nuestro Señor, pero para otros será el tormento eterno, depende de su comportamiento en vida y, si se reconciliaron con Dios o no antes de morir, señala en su colaboración semanal.

La Iglesia, ¿cómo define a la vida que existe luego de morir? -La vida tras la muerte es la que se llama en las Sagradas Escrituras la «Vida Eterna». Es una vida del alma que es espíritu inmortal, creada por Dios precisamente para la inmortalidad. «Si la persona fue buena, el alma pasa a gozar de Dios; si la persona no fue buena en su vida y no se reconcilió con Dios antes de morir, pasa a un lugar de castigo eterno».

«Nuestro cuerpo al morir, pasa a la tierra de donde fue formado, en espera de la Resurrección». «La Palabra de Dios atestigua la inmortalidad del alma, la existencia de Dios, la vida eterna y la retribución después de la muerte.

Todo eso es parte fundamental de la Revelación y además, es la esencia de la esperanza cristiana».

«Lo que nos ha prometido Cristo Nuestro Señor no son bienes en este mundo; nos ha prometido –después de la muerte- una vida feliz, una vida plena». «Por otra parte, hay en cada ser humano un anhelo profundo, incoercible de vivir, de ser, de permanecer y, este anhelo –que está dentro del corazón de todos los hombres- no puede ser algo vano, falso o inútil a lo cual no corresponda una realidad en la otra vida». ¿Qué pasa con el que cree que sólo hay este mundo?

-Hay diversas clases de incrédulos o ateos, que es lo mismo. Generalmente este tipo de personas no creen en la inmortalidad del alma, ni en la vida eterna y ni en una fuerza superior. «Se centran en el mundo presente y se lo explican de una manera muy curiosa, como una perfecta y gran máquina que es el cosmos, sin maquinista.

Un reloj muy hermoso sin que haya relojero que lo hizo». «Hay distintas clases de no creyentes y la responsabilidad ante Dios es también diferente. No sabemos qué haga Dios con ellos, porque a unos así los educaron, en su familia no se habló de Dios, más aún, se le negó; por ejemplo los que crecieron detrás de la “cortina de hierro” en los años 50, 60 y 70, tal vez el círculo social en el que se desarrollaron era también ateo y por lo tanto nunca les llegó la noticia de Dios, ni la predicación del Evangelio. Así crecieron».

«Otros oyeron de Dios o pudieron investigar, luego de que les llegó una curiosidad que era como una invitación de Dios a la fe. Escucharon hablar de Cristo, de Dios, oyeron la predicación, ya sea en su familia, la escuela o con los amigos, pero cerraron sus oídos y su corazón, no quisieron atender e investigar».

«Otros son ateos prácticos, que se sumergen totalmente en las cosas terrenas y sofocan todo interés por las cosas del espíritu, no tienen ni tiempo ni interés para pensar en Dios, en el alma, en la inmortalidad, en la otra vida y viven para buscar placeres, para ir tras el poder de manera desenfrenada o tras el dinero o tras todas estas cosas juntas».

«El juicio de Dios nosotros no lo sabemos, hay distinta responsabilidad en ellos y por lo tanto distinta culpabilidad». ¿Cómo se puede explicar el hecho de que para los católicos, la muerte se convierta en vida?

-El hecho es una revelación de la Sagrada Escritura, que se concentra sobre todo en Cristo Nuestro Señor que vino a redimirnos y por eso aceptó la muerte, para santificar nuestra muerte y resucitó para darnos una esperanza cierta de vida eterna y nos dijo: «Yo vine para que tengan vida y la tengan en abundancia».

Nos dijo: «El que cree en Mí, no morirá para siempre». Y nos dijo, refiriéndose a la Eucaristía: «El que coma mi carne y beba mi sangre tendrá la vida eterna y yo le resucitaré en el último día».

«La fe en la vida después de esta vida o después de la muerte, se funda en Cristo y también la diversa suerte luego de morir se funda en Cristo. ¿Por qué unos al castigo y por qué otros a la felicidad? Porque así lo dijo el Señor: “Tuve hambre y me diste de comer, pasa al Reino que te está preparado”. “Tuve hambre y no me diste de comer, apártate de mi al fuego eterno”».

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