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La casa del tepeyac

Un punto de referencia crucial para la fe de los mexicanos es, por mucho, la querida y venerada Santa María de Guadalupe, madre de Dios, reina de los mexicanos y emperatriz de América.

Y es que su devoción ha trascendido fronteras, pues a 477 años de sus benditas apariciones, miles de millones de fieles, han acudido a su casita del Tepeyac, para pedir su intercesión y la de San Juan Diego, debido a que sus milagros han retumbado en todo el mundo, haciendo el bien, hasta los últimos confines de la tierra.

Por eso, hablar de la Morenita del Tepeyac, es hablar del tesoro de una nación bendita por Dios, y de un sinfín de milagros que han brotado de su corazón materno concedidos a propios y extraños.

De esta forma, no es sorprendente conocer el millonario número de peregrinos que la visitan, particularmente en su fiesta patronal, que se celebra con alegría en todo el país el 12 de diciembre. Peregrinos recorren, caminan, corren y hasta vuelan para estar con ella; para llorar e implorar, gritar o pedir, pues saben -como dice la oración de San Bernardo- que “jamás se ha oído decir que ninguno de sus hijos que acuden a ella, implorando su asistencia y su auxilio, haya sido abandonado”. Su Basílica y los alcances de su devoción Para rendir un sencillo homenaje a la Morenita del Tepeyac y conocer de cerca los alcances de su devoción, visitamos su Basílica, considerada insigne y nacional, donde nos encontramos toda la riqueza y todo el afecto que ha recibido de parte de los mexicanos.

Como saben, quienes la han visitado, la Basílica de Guadalupe, refiriéndome a la nueva, es una construcción majestuosa con base circular de 100 metros de diámetro, que fue diseñada en grandes dimensiones para recibir a grandes multitudes de personas. Fue consagrada el 12 de octubre de 1976 y su diseño se hizo con la intención de que, todo peregrino que ingrese a ella, desde cualquier punto donde esté situado, incluso desde fuera, pueda admirar el ayate de Juan Diego que es el mayor tesoro devocional donde se encuentra plasmada por gracia de Dios Santa María de Guadalupe.

Al antiguo estilo judío, tiene el diseño de una gran carpa, símbolo del manto de la Virgen que protege a todo el que la visita. El proyecto arquitectónico es del reconocido arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez, y en su interior tiene una capacidad para 10 mil personas en la planta baja; con sus capillas que la rodean, ubicadas en un segundo piso, llegan a caber hasta 50 mil. Además cuenta con oficinas administrativas, un sótano con 15 mil nichos y 10 capillas para recordar a los difuntos que ahí descansan.

El conjunto basilical Para el buen funcionamiento de este importante centro de devoción se requiere de un buen número de Canónigos, sacerdotes y empleados fijos que rebasan los 300, todos coordinados por el Rector de la Basílica, Mons. Diego Monroy Ponce. Además de las necesidades que se generan en Basílica, se requiere de responsables en los edificios, templos y zonas que son parte del conjunto basilical, algunos de ellos son: Templo expiatorio de Cristo Rey (antigua Basílica de Guadalupe) Fue consagrada el 1 de mayo de 1709. Actualmente está en remoción y sirve, por disposición del Cardenal Norberto Rivera Carrera, como templo expiatorio.

La capilla del Pocito Se ubica en las faldas del cerro de Tepeyac, fue construida en 1791 por necesidad, en una base circular y al estilo barroco, pues bajo ella brotaba un manantial el cual, la gente equivocadamente pensaba que era el lugar exacto donde la Virgen había hablado con Juan Diego, esta versión corrió como el agua y el lugar se convirtió en foco de infecciones, debido a que la gente tomaba el agua y se lavaba su heridas al mismo tiempo, por lo que tuvo que recubrirse. El Carrillón (campanario) Inaugurado en 1991, es un campanario especialmente diseñado para mostrar la diversidad de maneras de medir el tiempo, tiene un reloj civil, un astronómico (usado por los marinos para guiarse en el mar), uno solar y un Azteca. Además, un escenario circular donde se presentan las apariciones de la Virgen de Guadalupe. La Ofrenda Es un conjunto de 17 esculturas que se encuentran en los jardines de la Basílica y se realizaron como un homenaje de los indígenas a la Virgen Morena como muestra de su amor, y de la rápida aceptación que tuvo su devoción en el pueblo mexicano.

La Capilla del Cerrito Esta capilla se edificó en 1749 en la punta del cerro del Tepeyac porque ahí, se cree, que Juan Diego tomó las rosas para llevarlas al obispo Fray Juan de Zumárraga como prueba de las apariciones de Santa María de Guadalupe. Parroquia de Indios Es la ermita más antigua que se conserva de todo el recinto (1649). Se le conoce como “de indios” porque aquí vivió Juan Diego sus últimos años. Museo de Guadalupe Se encentra a espaldas de la Basílica y fue inaugurado en 1931. Alberga una colección de más de 1500 piezas entre pinturas, esculturas, grabados, textiles, orfebrería y mobiliario.

Grandes números de una gran devoción Para situarnos aún más en la gran devoción a la Virgen de Guadalupe, que se celebra todo el año en su Basílica al recibir 2 mil 427 peregrinaciones formales de diversas diócesis, parroquia, institutos, sindicatos, escuelas y de más organizaciones de México y otros países, pero que se hacen masivas e intensas del 1 de diciembre hasta su fiesta el día 12, el personal de la Basílica se prepara en todas sus áreas.

Existen para ello, dos pastorales preponderantes que trabajan intensamente: la litúrgica y la profética. La primera se encarga de todas las celebraciones que se realizan en Basílica, su organización y división en capillas; en cuanto a la pastoral profética, su fin es preparar, con evangelización y catequesis, a los empleados y voluntarios que van a servir en los días de fiesta, particularmente se concentran en el acontecimiento guadalupano.

Cuando llegan al fin los días de fiesta, los fieles de todo el país se vuelcan en torno a la Morenita. Según datos proporcionados por el semanario arquidiocesano de México Desde la Fe, a diferencia de otros años, en 2007 aumentó el número de peregrinos a la Basílica en proporción de un millón y cada año se incrementan más y más, por lo que en este año 2008, se esperan recibir a más de cien mil peregrinos.

Tan solo en los días principales de la fiesta (11 y 12 de diciembre), según el rector de la Basílica, Mons. Diego Monroy, se distribuyen más de 24 mil hostias consagradas y un promedio de 95 mil personas ingresan por hora a la Basílica. Para mantener la seguridad, la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, despliega un operativo que supera los 3 mil policías, y más 150 elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP) que se ubican al interior.

Son cuatro días de intensa afluencia tanto de gente como de peregrinos. Más de 30 sacerdotes se disponen para la atención pastoral, tan sólo para el sacramento de la Confesión, tienen jornadas de 7 de la mañana a 8 de la noche, y en estos días se llegan a celebrar 119 Eucaristías. Además se bendicen y aspergen 650 litros de agua para la bendición de los peregrinos y de sus imágenes. El paso de este torbellino de fe, genera en proporción unas 700 toneladas de basura, el interior es aseado por más de 30 empleadas de la Basílica y el exterior, por personal de limpia del Distrito Federal.

En cuanto a los peregrinos, todo está planeado para que, los que deseen pasar por el ayate a saludar a la Virgen, lo hagan en segundos para evitar aglomeraciones, se calcula que el flujo de personas va de 120 a 140 personas por minuto, lo que equivale un promedio de 7 mil u 8 mil personas por hora. El día 11 por la noche, en la denominada “Misa de Gallo”, que generalmente es presidida por el Rector de la Basílica, concelebran unos 60 sacerdotes, y al día siguiente, en la solemne Misa de las Rosas, que preside el Cardenal, concelebran unos 50 sacerdotes y los 8 obispos auxiliares encargados de las vicarias de la Arquidiócesis de México. Los frutos de un pueblo de fe Los datos presentados son apremiantes, y nos hacen ver el poder de su devoción que ha sido cosechada por generaciones ancestrales del pueblo mexicano, las cuales han forjado con amor un ancho sendero al santuario insigne y nacional del cerro del Tepeyac.

Sólo el amor a Santa María de Guadalupe puede mover masas, y hacer que más de 100 millones de almas se postren reverentes ante sus pies para implorar su intercesión y su auxilio. Pareciera que su amor es semejante a un imán que jala a sus hijos con toda fuerza para recibirlos en la casa que ella misma solicitó para derramar sobre todos sus dones cariñosos.

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