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¿ES INDISOLUBLE EL MATRIMONIO?

¿ES INDISOLUBLE EL MATRIMONIO?

+ Felipe Arizmendi Esquivel http://www.diocesisancristobal.com.mx

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Se ha hecho público que la Santa Sede declaró nulo el matrimonio religioso del expresidente de la República, Vicente Fox, con la Sra. Lilian de la Concha, porque se comprobó, después de estudios especializados, que tenía graves trastornos de personalidad en el momento de haberse realizado la ceremonia.

Se supone que ya los superó y que ahora puede casarse por la Iglesia con Marta Sahagún, cuyo matrimonio canónico con Manuel Bribiesca también fue declarado nulo. Estos casos, sin embargo, han despertado muchas suspicacias, como si la Iglesia accediera a las peticiones de los poderosos, y no procediera de forma semejante con quienes carecen de recursos humanos y económicos.

¿Puede la Iglesia anular un matrimonio? Son frecuentes las preguntas que muchas parejas nos hacen sobre su situación. Se casaron por la Iglesia hace tiempo; luego, por diversas causas, se separaron; encontraron otra persona con la cual se han unido, incluso por lo civil; tienen hijos y quisieran volverse a casar canónicamente, para recibir los sacramentos, en particular la comunión eucarística. ¿Se pueden volver a casar? ¿Qué hacer para lograrlo?

JUZGAR

Jesucristo es muy claro al respecto: “Lo que Dios unió, no lo separe el hombre”. Este ha sido el plan de Dios; “por eso, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; de manera que ya no son dos, sino una sola carne”. Es verdad que Moisés, por la dureza de su cabeza, permitió a los judíos repudiar a su mujer y unirse a otra, “pero al principio no fue así. Ahora bien, yo les digo que quien repudie a su mujer -salvo el caso de que vivan en unión ilegítima- y se case con otra, comete adulterio” (Mt 19, 4-9). Y advierte: “No todos entienden este lenguaje” (Mt 19,11).

La Iglesia, fiel a su Fundador, sostiene que “del matrimonio válido se origina entre los cónyuges un vínculo perpetuo y exclusivo por su misma naturaleza. El consentimiento por el que los esposos se dan y se reciben mutuamente es sellado por el mismo Dios. De su alianza nace una institución estable por ordenación divina, también ante la sociedad.

Por tanto, el vínculo matrimonial es establecido por Dios mismo, de modo que el matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás.

La Iglesia no tiene poder para pronunciarse contra esta disposición de la sabiduría divina” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1638-1640). Sin embargo, puede haber casos en que, aunque se haya celebrado el matrimonio, éste es nulo desde el principio, por falta de libertad y de conciencia, o por otros impedimentos que la Iglesia tiene bien catalogados. Uno de ellos es padecer graves trastornos psíquicos. Si, después de un análisis científico y responsable, se comprueba que ese trastorno existía cuando se realizó el matrimonio, la Iglesia declara que no existió tal sacramento. No anula; sólo declara que fue nulo desde el principio. La Iglesia no puede anular lo que estuvo bien hecho ante Dios; pero sí puede declarar que no hubo verdadero matrimonio, por alguna de las causales comprobadas.

Dice el mismo Catecismo: “Por esta razón (y por otras razones que hacen nulo e inválido el matrimonio), la Iglesia, tras examinar la situación por el tribunal eclesiástico competente, puede declarar la nulidad del matrimonio, es decir, que el matrimonio nunca ha existido.

En este caso, los contrayentes quedan libres para casarse” (1629). Este es el caso del Sr. Fox.

ACTUAR

En cada diócesis hay un tribunal eclesiástico para analizar los posibles casos de nulidad matrimonial. No tenemos facultad para anular matrimonios; ni el Papa lo puede hacer. Se estudian los casos para analizar si hubo nulidad desde el principio. Si usted tiene razones comprobables de que, cuando se casó por la Iglesia, no gozó de plena libertad, o que no había la suficiente madurez psicológica, o que hubo engaños sobre una condición importante de su pareja (por ejemplo, que no tuviera hijos con otra persona), puede acudir a la Curia Diocesana y exponer su caso. Este servicio jurídico no es caro y los pobres deben ser atendidos sin costo alguno.

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