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Homilia de Apertura de la LXXXVI Asamblea Plenaria

Yo, Pablo, soy servidor de Dios y apóstol de Jesucristo, para conducir a los elegidos de Dios a la fe y al pleno conocimiento de la verdadera religión, que se apoya en la esperanza de la vida eterna. Dios que no miente, había prometido esta vida desde tiempos remotos, y al llegar el momento oportuno, ha cumplido su palabra por medio de la predicación que se me encomendó por mandato de Dios, nuestro salvador. Al llegar el momento oportuno, la promesa de Dios se cumple en el tiempo oportuno, en el momento elegido por Dios, muchas veces secreto para el hombre, por lo que Dios se lo tiene que revelar. Pablo ubica su vocación como servidor de Dios y apóstol de Jesucristo en el tiempo señalado por Dios, su misión es continuar la del Señor Jesucristo, por eso es su apóstol, ha sido llamado para conducir a los elegidos de Dios a la fe y al pleno conocimiento de la verdadera religión. Pablo está consciente que su vocación la realiza en el momento oportuno previsto por Dios y manifiesta también que Dios cumple su promesa con la predicación que se le ha encomendado. Pablo se sabe continuador de una misión, es servidor de Dios, prolonga lo iniciado por el Señor Jesucristo. Estos tres elementos: Momento oportuno, conciencia de la vocación al servicio de Jesucristo, misión de conducir a los elegidos de Dios a la fe orientan nuestra 86ª Asamblea Plenaria de la CEM cuya finalidad es clarificar, revitalizar y fortalecer a la luz de Aparecida y de la Carta Pastoral 2000 la misión propia de los laicos para lanzar la Misión Continental en México. Como servidores de Dios y apóstoles de Jesucristo, Obispos y laicos consideramos que es el momento oportuno, es el kairós para la Iglesia que peregrina en México, seguir la voz de Cristo manifestada en sus Pastores (Aparecida y la Carta Pastoral) para estratégicamente definir la coordinación y apoyo a los laicos para que cumplan, como San Pablo, su misión en el mundo. El evangelio, proclamado en esta liturgia, también aporta una luz muy importante, que orienta los trabajos de esta Asamblea. Jesús dijo a sus discípulos: no es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca!… Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo. Los apóstoles dijeron entonces al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: ‘arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería”. Los escándalos, las ofensas, el perdón reiterativo son experiencias que desesperan y angustian, que hacen bajar la guardia en los buenos propósitos. Cuando finalmente después de muchos esfuerzos conjuntos se considera que todo va bien, y llega el escándalo que destruye lo alcanzado o la ofensa que calumnia y deteriora la imagen lograda, pareciera que el mandato de Jesús no ayuda, quizá desearíamos castigo al culpable. ¡Pero no! Jesús pide vivir la adversidad sin bajar la guardia, y corregir y perdonar cuántas veces sea necesario. Por eso, los discípulos conscientes del gran desafío que esto representa, le suplican a Jesús: “Auméntanos la fe”. De manera sorprendente Jesús les responde: Basta que tengan una fe tan pequeña como la semilla de mostaza. Es importante caer en la cuenta del fondo del mensaje. Hay una grande desproporción entre el reto de mantenernos firmes ante escándalos y ofensas, humanamente es muy difícil y heroico, y la solución propuesta por Cristo: el mínimo de fe. Esto ayuda a entender que la capacidad para ser discípulos de Cristo, firmes y fuertes, proviene de lo alto, es gracia, es fruto de la fe. Queridos hermanos Obispos y Laicos que participaremos en los trabajos de la 86ª Asamblea Plenaria: La misión propia de los laicos en el mundo no es nada fácil, los retos son gigantescos. Vivimos en un contexto anticlerical y secularizante que pretende reducir y limitar la misión de la Iglesia a la sola vertiente cultual. Cualquier intento para llevar la levadura del Evangelio a la Cultura, la Política, la Economía, y los Medios de comunicación es intempestivamente rechazado y rápidamente descalificado con frases recurrentes como: “La Iglesia quiere de nuevo el poder”, “se está violentando el Estado Laico”, “La Iglesia frena la modernidad y pretende seguir sometiendo a la sociedad” etc. etc. La desproporción entre nuestras fuerzas y la dimensión de la tarea para evangelizar el mundo de la cultura, la política, la economía, y la comunicación social es gigantesca, es abismal. A ello, tenemos que agregar el contexto tan adverso para llevarla a cabo, las inercias históricas y los prejuicios, ya de casi dos siglos, parecen imbatibles. Sin embargo, México se manifiesta sediento de justicia, reclama equidad económica y de oportunidades de educación y empleo, exige ética y moral para evitar la descomposición social, quiere vida y no muerte, anhela futuro y esperanza. Los valores del evangelio son la respuesta, Cristo es el camino, la verdad y la vida. Tenemos en la Fe la mejor herencia para nosotros y nuestros hermanos, para los hijos de esta Patria. Articulemos nuestros esfuerzos en comunión, y ofrezcamos nuestras capacidades para hacer del Evangelio, la buena nueva para México. Invito a los participantes de la 86ª Asamblea Plenaria a tomar conciencia del histórico momento que viviremos. De la conciencia de ser servidores de Dios y apóstoles de Jesucristo. De ver la promesa cumplida en nuestra propia misión, a la que como San Pablo hemos sido llamados por gracia. Los invito para que seamos conscientes que la misión, no es nuestra, es de Dios, es su proyecto, nosotros solamente somos servidores, colaboradores, apóstoles del Señor Jesús. Por eso esta tarde, celebrando la Eucaristía, misterio de fe que nos manifiesta la presencia sacramental de Cristo, y estando aquí en la casita de todos los mexicanos, a los pies de nuestra madre, la morenita, María de Guadalupe, y contemplando al hijo que por obra del Espíritu Santo lleva en su seno, a Cristo, el Señor de la Historia, y siguiendo el ejemplo de los apóstoles, elevamos nuestra súplica confiada. ¡Señor, auméntanos la fe! ¡Dánosla, aunque sea tan pequeña como una semilla de mostaza! ¡Eso nos basta! Amén. +Carlos Aguiar Retes Obispo de Texcoco y Presidente de la CEM

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