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ECOS DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS

Ha concluido el Sínodo de los Obispos, que ha tenido lugar en Roma del 5 al 26 de octubre, en el que los 253 Padres sinodales, llegados de todos los continentes, oraron, dialogaron y reflexionaron acerca de “La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia”. El domingo pasado, refiriéndose al Sínodo que estaba casi por terminar, decía el Papa Benedicto XVI: “Ha sido una escuela de la escucha…Ha sido una escucha recíproca. Y, precisamente escuchándonos unos a otros, hemos aprendido mejor a escuchar la Palabra de Dios. Hemos tenido experiencia de cómo es verdad la palabra de san Gregorio Magno: la Escritura crece con quien la lee. Sólo a la luz de las distintas realidades de nuestra vida, sólo confrontándonos con la realidad de cada día, se descubren las potencialidades, las riquezas escondidas de la Palabra de Dios… Nos hemos enriquecido en esta escucha recíproca. Al escuchar al otro, escuchamos mejor al mismo Señor. Y en este diálogo de la escucha aprendemos la realidad más profunda, la obediencia a la Palabra de Dios, la conformación de nuestro pensamiento y de nuestra voluntad al pensamiento y a la voluntad de Dios. Una obediencia que no es un ataque a la libertad, sino que desarrolla todas las posibilidades de nuestra libertad.” De esta manera, con un lenguaje accesible, el Papa nos dice verdades profundas: La realidad que vivimos cada día y la escucha mutua que realizamos entre los seres humanos, nos ayuda para sintonizar con el pensamiento y la voluntad de Dios. Escuchar al otro con la mente y el corazón atentos, nos ayuda a escuchar a Dios que nos habla. En el Sínodo se ha insistido en “pasar de una pastoral bíblica a una animación bíblica de la pastoral”: o sea, más que hablar de un área de la pastoral que trate el aspecto bíblico, ahora basemos toda actividad pastoral en la Biblia: estudio, formación, celebración litúrgica, acción social, todo iluminado y sostenido por la Biblia, o sea en todo nos dejemos guiar y conducir por la Palabra de Dios. Obediencia a la Palabra de Dios, dice el Papa, que no es un ataque a nuestra libertad, sino que desarrolla todas las posibilidades de nuestra libertad. Estudiemos la Biblia. Oremos con la Biblia. La Biblia es la Palabra de Dios escrita; no es una Palabra muerta, que recoja hechos de hace miles de años; sino que es una Palabra viva: es Cristo Jesús, la Palabra eterna de Dios Padre, que con su misión culminante en la Muerte en Cruz y la Resurrección, ilumina toda nuestra realidad de cada día, sea familiar, económica, laboral, educativa, política. La parroquia organice a los movimientos y las familias para estudiar la Biblia, para orar con la Biblia. Difundamos el método de la Lectio Divina, o sea la Lectura orante de la Palabra de Dios: Creceremos en la conciencia y vivencia de que Dios es Padre Bueno, que nos ha dado a Su Hijo, Quien nos trata ya no como siervos sino como amigos y nos concede Su Espíritu para anunciar, celebrar y vivir Su Evangelio, que es Evangelio de la Vida. Habiendo orado la Palabra de Dios en familia, vayamos a integrar la gran Familia de los hijos de Dios en la Eucaristía dominical, la cual es fuente y cumbre de nuestra vida personal y familiar. En efecto, de la Eucaristía nos llega la abundancia de Gracias, y a la Eucaristía llevamos la ofrenda de nuestra vida para unirnos al Sacrificio de Jesucristo, y para unirnos también al Banquete de Su Cuerpo y Sangre.

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