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A 30 años del inicio del Pontificado de Juan Pablo II

México y el mundo recuerdan con especial cariño, este día, al Papa Juan Pablo II, quien hace 30 años fue elegido por el Colegio Cardenalicio, con la inspiración del Espíritu Santo, al trono de San Pedro. Para los mexicanos, el nombre de Juan Pablo II resulta especialmente significativo luego de las innumerables muestras de amor que nos brindó más allá de las cinco visitas pastorales que hizo a nuestra patria, y de su especial cariño y confianza a la Virgen de Guadalupe a quien prácticamente encomendó su largo y fructífero pontificado. México fue su primer destino mundial como Papa peregrino; luego, recorrió de país en país una distancia superior a tres veces el kilometraje existente de la tierra a la luna. A lo largo de su entusiasta andar, siempre repitió el mismo mensaje de confianza en la misericordia de Jesucristo e invitó al perdón, a la paz y a la reconciliación. Sus palabras están especialmente vivas y resuenan en nuestros corazones en estos momentos en los que, lamentablemente, imperan en México deshumanas acciones de violencia e inseguridad, se atenta contra la vida humana aún desde las leyes mismas, y por todas partes se advierte el fantasma del desempleo frente la crisis económica mundial. Entonces recordamos a Juan Pablo II confiadamente diciendo: ¡No tengan miedo!, una insistente frase íntimamente ligada a otra que decía con enérgica insistencia: ¡Conviértanse! Pero lo más importante al recordar esta efeméride, es ahondar en la profundad y certeza de sus mensajes, desde la defensa de la vida misma al momento de la concepción, hasta aquella sentencia que lanzó antes de iniciar la Guerra del Golfo, señalando que “los responsables tendrán que responde ante la historia y ante Dios”. Hace 30 años, el humo blanco sobre la Capilla Sixtina anunciaba el inicio de un nuevo pontificado, el tercero más largo de la historia, el del “Papa mexicano” que llegó de un país lejano siendo el primero no italiano en más de 400 años. Juan Pablo II, desde cualquier ángulo que se vea, influyó en los destinos de la historia. Juan Pablo II se rodeó de hombres brillantes, entre ellos, el cardenal Joseph Ratzingeer, su sucesor en el trono de San Pedro, su gran colaborador y amigo con quien largas horas pasabas hablando de Dios y su Iglesia, de la fe. México continúa “Siempre fiel”, no tan sólo a Juan Pablo II sino al Papa y a quien éste representa, al fundador de la Iglesia católica, a Jesucristo mismo, y eso es lo más importante para todo bautizado, para que después de nuestro paso por esta terrenal existencia podamos decir con confianza y plenitud, como lo dijo Juan Pablo II al momento de morir: “déjenme ir a la Casa del Padre”.

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