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La raíz de nuestros males está la ausencia de valores.

La sociedad de la época actual escucha con mayor frecuencia información sobre los adelantos que se van dando en el campo de la técnica y de la ciencia. A nadie extraña ya el uso de la computadora para la eficacia de diversas actividades o del Internet para la velocidad en la comunicación. Hay también una serie de adelantos científicos en la medicina que hace algunos años se veían impensables. Del mismo modo crece la búsqueda de mejor calidad de vida; se ve ya como problema de salud pública la contaminación del agua, de la tierra y del aire que respiramos. Se difunde la necesidad de cuidar la salud física y mental en la población; sin embargo la realidad nos sigue presentando también enormes contradicciones pues ni los adelantos, ni las preocupaciones de la sociedad llegan a borrar las grandes carencias que vive una buena parte de nuestra población. No sólo carencias de tipo económico reflejadas en la enfermedad, la desnutrición, el analfabetismo o el desempleo, sino además la falta de seguridad; el abandono en la ancianidad; la falta de ambiente familiar estable, necesario para el desarrollo emocional en la niñez y en la juventud; la manipulación de muchos medios que alimentan el consumismo, el sexo, el alcohol y las mismas drogas; el egoísmo irresponsable que defiende solo los derechos propios y olvida los ajenos. Todos esos son elementos que están creando una pobreza más radical que la económica: la pobreza de valores humanos. Pues se llega a valorar la vida sólo por la cantidad de bienes materiales que se posee, por el placer que se consigue, o por el poder que se tiene, lo demás parece que carece de sentido. Es urgente trabajar por superar los enormes desequilibrios económicos, pero si no trabajamos de la misma manera por recuperar los valores, que sustentan no sólo la dignidad humana sino la vida misma, todo lo que hagamos en otros campos se vendrá abajo. Podremos tener los mejores Estadios pero sin un auténtico espíritu deportivo, serán sólo fuentes de ingresos; podremos tener bellas Iglesias, pero sin una profunda evangelización, sólo serán monumentos históricos; podremos tener muchas Escuelas, pero sin una verdadera educación, sólo serán lugares para adquirir documentos oficiales; podremos tener Empresas, pero sin atención al desarrollo integral del trabajador, sólo tendremos explotación laboral y corrupción; podremos tener Autoridades, pero si no hay honestidad, transparencia y justicia en la búsqueda del bien común, tendremos sólo un grupo que busca el poder para su propio provecho y alimenta una corrupción estructural. En la raíz de nuestros males está la ausencia de valores. Tenemos que trabajar para recuperarlos, reconociendo que todos somos responsables de todos. De otra manera la ley de la selva, es decir la ley del más fuerte se impondrá sobre la vida del más débil, como ya lo estamos viendo en los secuestros, en los asesinatos, en la pretensión de algunos de matar por medio de la eutanasia a enfermos, y en la legalización del aborto en el Distrito Federal.

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