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Atentados de unos, hipocrecia de otros

Después del atentado del 15 de septiembre en Morelia todos los medios han publicado noticias y comentarios en relación a ello. Se han escrito interpretaciones y opiniones muy variadas, algunas de ellas con mucha lógica; sin embargo, sólo quienes han mantenido constantemente una postura a favor de la defensa de la vida tienen autoridad moral para protestar en contra de estos actos. Aquellas autoridades ejecutivas, legislativas y judiciales, que promueven y avalan el aborto, al igual que quienes aplaudieron el fallo de la Suprema Corte de Justicia aprobando que se despenalice este crimen actuarían hipócritamente al condenar los actos de terrorismo en la capital de Michoacán. La coherencia, señores, se exige de principio a fin, ¡sin paréntesis! Debo aclarar que estas líneas son a título personal. No represento a ninguna institución. Escribo y actúo, como siempre lo he hecho, a nombre propio y de nadie más. Dos de las acepciones aceptadas por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española sobre el término “atentado” dicen así: “Procedimiento abusivo de cualquier autoridad” y “Agresión contra la vida o la integridad física o moral de alguien”. Esta es, pues, la palabra correcta cuando las autoridades del Distrito Federal no sólo han despenalizado el aborto, sino que lo facilitan usando las instituciones de salud para cometer esos asesinatos. ¿Con qué desfachatez se pueden rasgar las vestiduras quienes están cometiendo tales delitos? Ah, perdón. Se me olvidaba que como los miembros de la Suprema Corte de Justicia no consideraron estos actos como “anticonstitucionales”, matar a los inocentes en México no es delito, a no ser -claro está- que sea en la noche del Grito de Independencia. No creo que a los ministros de esta institución se les puedan aplicar aquellas palabras de Jesús: “Perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen”, pues estos señores bien sabían lo que estaban haciendo. A los que están involucrados en el cobarde crimen de Morelia, al igual que quienes están coludidos en la delincuencia organizada les tengo dos malas noticias, para ellos: Una es que Dios existe y serán juzgados por Él. La otra es que el infierno también existe. Ya sé que algunos se reirán de esto… pero eso será “ahora”. Cuando se tienen convicciones claras y bien fundamentadas se corre el peligro de ser considerado como “fundamentalista”. Si así fuera, lo soy. ¡Ah! cómo me gustaría que fuéramos muchos quienes podamos basar nuestras vidas en unos cimientos sólidos y coherentes que nos permitan vivir en armonía, respeto y defensa de lo más valioso como es la vida de todo ser humano.

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