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La Iglesia Católica frente a la pandemia VIH – SIDA

1,565,300 infectados, en México se calcula que existen 90,043 personas infectadas, ante esta situación nos preguntamos ¿Qué hace la Iglesia Católica? La Iglesia Católica en México y en el mundo, ha respondido y quiere seguir respondiendo desde la inspiración de su fe y desde su experiencia de humanidad a la pandemia del VIH SIDA. Los Obispos de México hemos organizado una campaña de sensibilización con el tema: “Esperanza de VIHDA” para invitar a las y los fieles de nuestra Iglesia y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a un mayor compromiso con las personas afectadas, y a emprender acciones que permitan frenar el avance de la pandemia del VIH y sus efectos. La epidemia del VIH es una de las más enormes crisis de salud, seguridad, y desarrollo humano que haya enfrentado el planeta; mata a millones de adultos, personas en la plenitud de su vida. Desestabiliza y empobrece a las familias, debilita las fuerzas laborales, convierte en huérfanos a millones de niños y niñas, además amenaza la estructura social y económica de las comunidades, y la estabilidad política de las naciones. El VIH ha roto con las concepciones tradicionales de enfermedad, pues va más allá de lo puramente médico. El VIH no es simplemente un virus que ataca al sistema inmunológico de las personas, la epidemia del VIH es un problema social complejo, con implicaciones no sólo para quienes viven con el virus, sino también para sus familias y para las comunidades en donde viven, tanto en el medio rural e indígena como en el urbano. Nos encontramos ante el serio desafío de encontrar respuestas eficaces, locales y mundiales, en materia de prevención de nuevas infecciones y de atención a las personas que viven con VIH, a sus familias y a sus comunidades. La atención a los enfermos de VIH SIDA implica altos costos en los medicamentos y el acceso a estos medicamentos es un desafío, para el gobierno y la sociedad. El miedo y la ignorancia sigue provocando la exclusión de muchas personas con VIH de grupos sociales y oportunidades. El estigma y la discriminación son realidades aún presentes en nuestra sociedad y en nuestras comunidades de fe, que obligan a vivir en la clandestinidad y el silencio a las y los afectados por este problema. Así hacemos del VIH la “lepra del nuevo milenio”. Ante esta realidad de VIH SIDA, nuestra fe nos impulsa a actuar teniendo como modelo a Jesús el buen samaritano, haciéndonos “prójimo” de nuestros hermanos y hermanas con VIH SIDA, nos impulsa a hacernos presentes de manera eficaz, en su necesidad de respeto, inclusión, no discriminación, de luchar porque todos tengan acceso a los antirretrovirales. El sufrimiento, la injusticia y la cruz que viven las personas con VIH, iluminados por Cristo nos interpelan a vivir como Iglesia samaritana (cf. Lc 10, 25-37), recordando que “la evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana” (DA 26) Los Obispos reunidos en Aparecida nos invitan a brindar una atención prioritaria a los que sufren el VIH SIDA: “Consideramos de gran prioridad fomentar una pastoral con personas que viven con el VIH SIDA, en su amplio contexto y en sus significaciones pastorales: Que promueva el acompañamiento comprensivo, misericordioso y la defensa de los derechos de las personas infectadas; que implemente la información, promueva la educación y la prevención con criterios éticos, principalmente entre las nuevas generaciones, para que despierte la conciencia de todos a contener está pandemia. Desde esta V Conferencia, pedimos a los gobiernos el acceso gratuito y universal de los medicamentos para el SIDA y las dosis oportunas (DA 421). Por lo tanto como Iglesia, nos comprometemos a acompañar humana y cristianamente a nuestros hermanos que sufren a causa de VIH, a mantenernos informados y actualizados, para hablar con información científica sobre el VIH y el sida, y a unir esfuerzos con otras instancias para la defensa de los derechos humanos de los que han sido infectados, evitando la estigmatización y la discriminación. Que Dios nos conceda a todos ser un verdadero prójimo para nuestros hermanos infectados por el VIH-SIDA +Luis Artemio Flores Calzada Obispo de Valle de Chalco

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