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La Iglesia requiere de la energía de los Adolescentes

El paso de la infancia a la adultez supone un alejamiento de la vida espiritual. Para la Iglesia de Guadalajara es necesario sumar esfuerzos con la familia y otras instituciones, de manera que los muchachos no se aparten de los valores cristianos. La adolescencia es un fenómeno biológico, cultural y social. Marca la transición de niño a adulto y su comienzo y duración pueden variar según diversos factores. Generalmente, esta etapa de la vida viene acompañada de intenso estrés, tanto para el propio adolescente, pues socialmente no pertenece al mundo infantil, pero tampoco al de los adultos, como para los padres de familia, quienes sienten que poco o nada conocen a ese “nuevo” miembro de la familia. Etapa explosiva Los cambios de humor son constantes. Cuando se es adolescente, se pasa de la alegría a la tristeza, de la euforia al enojo y del amor al odio, en tan sólo instantes. En la actualidad, la adolescencia representa un fenómeno psicológico que se ha extendido y que se califica según la madurez de la persona. Se reconoce, incluso, el llamado “Síndrome de Peter Pan” que representa el miedo a crecer y la tendencia a prolongar la adolescencia el mayor tiempo posible para no adquirir compromisos como la independencia económica o el matrimonio. Para la Arquidiócesis de Guadalajara, ésta es una etapa muy concreta en cuanto a la edad: “Definir la etapa de la adolescencia es un poco complicado porque, según parámetros nacionales e internacionales, hay incluso algunos que no reconocen esta etapa. Nosotros trabajamos con personas de entre 12 y 16 años. Los ‘recibimos’ después de que Catequesis Infantil nos los entrega, una vez que ya han recibido el Sacramento de la Confirmación”, afirma el Padre Ramón Mora López, encargado diocesano de la Pastoral de Adolescentes y vicario parroquial en Nuestra Señora del Rayo, en Miravalle. Crisis de identidad “Como Sección Diocesana, buscamos dar acompañamiento a la realidad que vive el adolescente, dándole respuesta tanto en el área humana como en la espiritual, que es la que nos corresponde”. Y es que es un hecho que muchos jovencitos, como fruto de la etapa de cambios que están viviendo, se sienten confundidos, piensan que no encajan en ningún lugar, especialmente con su familia, y es por eso que en muchas ocasiones se aíslan y pasan mucho tiempo en su cuarto, bien sea escuchando música, viendo televisión, navegando en Internet o simplemente fantaseando; actividad a la que dedican bastante tiempo, sobre todo las chicas. Mas quien diga que la vida es fácil durante esta etapa, no recuerda el estrés que supone lidiar con los cambios físicos y hormonales; cumplir con el horario escolar, que por lo general inicia a muy temprana hora; tratar de afirmar la identidad propia en un ambiente que no siempre es propicio; cumplir con las tareas escolares y preparar los exámenes, luchando contra el aburrimiento que es tan común, y el especial esfuerzo que se necesita hacer para concentrarse venciendo ese “coktail” de hormonas que es el propio cuerpo. A estas “actividades” se suma el choque de temperamentos con los padres; los compromisos sociales propios de la edad; los estereotipos que impone o presupone la sociedad; el quedar bien con los amigos, entre muchos otros factores que distraen la atención del adolescente respecto a su vida espiritual. Chicos bien acompañados “La participación en la Pastoral de Adolescentes es buena, pero no siempre la mejor. En las capacitaciones que tenemos regularmente, participan, por lo general, de 10 a 12 parroquias, lo que en proporción al número de las que tenemos en la Diócesis, es una ínfima parte”. “La respuesta es pobre, pero buscamos llegar a todo el ámbito diocesano por medio de diversos materiales, como los dos subsidios al año que ofrecemos: uno para los ejercicios espirituales y otro para la Semana del Adolescente, que en este 2008 iniciaremos el próximo 3 de agosto y que se abrirá con una Misa en el Santuario de los Mártires a las 12 del día”, refiere el sacerdote. Alejamiento de Dios supone consecuencias “Estamos encontrando que el adolescente, una vez que se confirma, marca tristemente su ‘adiós a la Iglesia’. Una vez que recibe este Sacramento, la mayoría de los jóvenes deja de asistir a los grupos parroquiales. Ciertamente hay parroquias muy trabajadoras y optimistas que le dan seguimiento a los adolescentes, sobre todo en la línea de la formación humana y espiritual, aunque en realidad son pocas. “Los problemas derivados de esta falta de formación y de crecimiento en la vida espiritual se ven reflejados en cuestiones como las depresiones entre los chicos, el suicidio, el alto índice en el consumo de drogas y alcohol, el marcado libertinaje sexual, y en estos tiempos vemos que también el resurgimiento de las ‘tribus’ urbanas como los Emos, que envuelven a los adolescentes en ideologías que no siempre son positivas”, afirma el Padre Ramón. Caminar de la mano de Jesús y de los Padres Desde la Pastoral de Adolescentes se pretende que los jóvenes “tengan conocimiento de la persona de Jesús y manifestarles que a través de la Iglesia que Él funda, se puede establecer el nexo de la salvación. El reto es llegar a todos los grupos de la Diócesis. Buscamos también conjugar esfuerzos con los Movimientos que trabajan a favor de los adolescentes, que constatamos, son diversos”. “Como Pastoral de Adolescentes –afirma el Padre Ramón Mora- buscamos que los muchachos puedan encontrar, a través de su personalidad, una vocación, definir su vida espiritual, su comunión con la Iglesia, de la que forman parte, y su protagonismo como parte de ella. Buscamos también evangelizarlos y, sobre todo, darles su lugar; que no se les mezcle con los jóvenes y tampoco se les deje únicamente con la catequesis infantil”. Todo un desafío. Los interesados en coordinar un grupo de adolescentes “necesitan estar plenamente enamorados de esta etapa y estar preparados para todos los desafíos que ésta tiene, como la inconstancia o los cambios en el temperamento, y en especial tener la apertura suficiente para estar siempre innovando, porque los expertos señalan que cada tres años se presenta una nueva generación dentro de las culturas modernas, con características completamente distintas. “Hay que destacar que el trabajo de los padres es primordial. Muchos papás se asustan cuando empiezan las rebeldías por parte del hijo o cuando comienzan las contradicciones, y esto no tiene razón de ser. Lo que hay que hacer es fortalecer, con el testimonio de vida, la cercanía con el muchacho”. Ante un sombrío panorama, la Iglesia está en respuesta. A últimas fechas, los medios de comunicación han retratado situaciones que poco favorecen la imagen de los adolescentes: Las jovencitas ocotlenses que se fugaron de su casa y que días más tarde aparecieron en la Zona Metropolitana de Guadalajara sin viso de remordimiento; el caso de otras cuatro adolescentes que abandonaron el hogar para irse a buscar trabajo; lo ocurrido en la Discoteca News Divine en el Distrito Federal, en donde perdieron la vida 12 personas, entre ellas nueve adolescentes que se encontraban en el lugar en que presuntamente se les vendía droga y alcohol, aun siendo menores de edad, entre otros hechos. Respecto al difícil panorama que viven al atravesar una etapa de su desarrollo, durante la cual la sociedad les ofrece como atractivas, conductas que no siempre son acordes a su edad, como los antros, las modas o las relaciones sexuales, el Obispo Auxiliar de Guadalajara José Francisco González González, apunta que la Iglesia Diocesana trabaja al respecto: “Desde todos los ámbitos se debe atender esta problemática tan profunda que existe en nuestra sociedad. Como Iglesia, trabajamos y buscamos sumar esfuerzos con otros organismos como las familias, instituciones públicas y educativas, porque esta difícil situación hiere a los propios jóvenes y a nuestra sociedad”. “Y todo lo hizo por mí…” Éste es el lema bajo el cual se realizará en nuestra Diócesis, en el mes de agosto, la Semana del Adolescente, que siguiendo la línea de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, será una invitación a vivir el primer anuncio, es decir, el kerigma, y volver a mirar a Cristo que se ofrece mediante su Pasión, Muerte y Resurrección para darnos vida, y vida en abundancia. Para este evento se ofrecerá la capacitación de los agentes que ya trabajan o quieran hacerlo, el próximo domingo, 20 de julio, en las oficinas de la Pastoral (Jarauta No. 510 – 8, entre Industria y Federación)

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