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¿Y el homicidio del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo?

Diferentes acontecimientos han hecho que la atención de la opinión pública esté centrada tanto en temas nacionales como la reforma energética, la pugna entre algunos partidos políticos, la transmisión de spots por televisión y la violencia incontrolable, como en temas locales. Sin embargo, para la Iglesia católica, particularmente la de Guadalajara, el asunto del artero crimen cometido en agravio del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y 6 personas más, en el Aeropuerto de Guadalajara, el 24 de mayo de 1993, no está concluido. Faltan muchas cosas por hacer y la determinación de las autoridades competentes por dar respuestas satisfactorias. Un escrito revelador Con fecha del 25 de mayo de 2001, el Padre José Uribe Nieto, quien forma parte del Clero de la Diócesis de Cuernavaca, Mor., envió un escrito a mano y en latín, al Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, en el que le señalaba: “En el mes de junio del 99, el señor Obispo Luis Reynoso (+), me dijo, delante de testigos, que el asesinato del señor Juan Jesús fue directo e intencional, que de ninguna manera fue por confusión o por las circunstancias sino (perpetrado) por sicarios foráneos para esto. Más aún, que él conocía (el Obispo Cervantes) el nombre del mandante, pero que no podía hablar ni decírselo a Usted”. Recordemos que Mons. Reynoso era, en ese entonces, Obispo de Cuernavaca, y uno de los principales defensores, por lo menos públicamente, de la tesis de la confusión o el fuego cruzado. Pero con esta declaración, hecha a un grupo de sacerdotes de su Diócesis, entre los que se encontraba el Sr. Cura Uribe Nieto, evidencia la verdad de las cosas. ¿Por qué nunca declaró el prelado esta situación? Nunca lo hizo ministerialmente, pero sí dijo, después, la razón de su grave omisión. En la declaración, ante el Ministerio Público de la Federación, el 20 de diciembre de 2001, el Padre José Uribe completó lo manifestado por su Obispo, Reynoso Cervantes, al señalar que no podía hablar “hasta que pase el año de las elecciones y haya un cambio de gobierno. Además, el Sr. Sandoval haría todo público, y entonces va a reaccionar Carpizo…”. Tanto el escrito a mano como la declaración completa del clérigo Uribe Nieto, están incluidas en los tomos que conforman el expediente de la investigación, pero no han sido tomados en cuenta. Esta situación contradice la versión del libro, de reciente aparición, “El caso Posadas. Verdad, derecho y religión”, escrito por un sobrino de Mons. Reynoso Cervantes (quien se llevó a la tumba su declaración), cuya intención es limpiar la imagen de su tío. Hay que señalar que la muerte del Obispo se dio en dudosas circunstancias. Las luces y las sombras de Fox En el año 2001 empezaron a llegar a la PGR nuevos elementos para continuar la investigación del homicidio del Sr. Posadas Ocampo. Por la insistencia de la parte agraviada, se sacó de la reserva la averiguación previa relativa a este crimen, y se desahogaron algunas pruebas; entre otras, tomarle la declaración al señor José Luis Thirión Muñoz, quien en diversas comparecencias manifestó haber sido el responsable de darle seguimiento a intervenciones telefónicas, tanto del Arzobispo de Guadalajara como de otros sacerdotes. Otro avance se constató por la declaración de Humberto Rodríguez Bañuelos, alias “La Rana”, quien estando presente en el lugar y en el día de los hechos, reconoció a diferentes personas encabezando el operativo, tales como el Director de la Policía Judicial Federal, Rodolfo León Aragón, también señalado por otros testigos. En esta misma época, se dieron a conocer las bitácoras de vuelos que partieron de la Ciudad de México a Guadalajara, con la misión de investigar, horas antes, por supuesto, un crimen que todavía no se cometía. El hecho volvió a ser cubierto con una gran sombra por parte del entonces Procurador General de la República, Rafael Macedo de la Concha, quien ordenó deshacer jurídicamente lo avanzado. Posteriormente, las bitácoras de vuelo fueron ajustadas para colocarlas seis horas más tarde.

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