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Amar la vida, para evitar el aborto

Para evitar el aborto necesitamos amar la vida. Pero, ¿Comprendemos qué es un aborto?, ¿Conocemos el maravilloso desarrollo de la formación de una vida?. Las células, el óvulo en la mujer y el espermatozoide en el hombre, contienen solamente la mitad de la información genética que constituirá a un ser humano completo. Una vez unidas estas dos células, se forma una célula que ahora sí contiene la cantidad completa de genes que deben poseer todo ser humano normal; por lo tanto, se trata ya de un verdadero ser humano, aún que solamente se trate de una sola célula. Para que esto suceda, es necesario comentar que durante el desarrollo del embrión, los últimos órganos que se desarrollan –llamamos que se diferencían— son órganos sexuales, y esto se realiza por acción hormonal. El embrión se desarrollo como varón, contiene un grupo de células que darán lugar a millones de espermatozoides durante la vida de esta persona. El embrión que se desarrollará como mujer, también cuenta con una enorme cantidad de células que darán lugar a óvulos, pero en ellas, el número final de óvulos disminuye hasta una cantidad aproximada de 400 que tienen la capacidad de ser fecundos durante la vida fértil de la mujer. Unidos óvulo y espermatozoide, y al combinar sus genes, ya que definido el código genético del nuevo ser humano, y cada una de la células que de esta primera se desprendan, contará con este mismo código genético, que hará de este individuo un ser único. Esta primera célula, tiene una característica que llamamos Toti o Pluripotenciales, es decir, que a partir de ella, se pueden formar todo tipo y variedad de células. La fecundación, se realiza en la mitad de la trompa más cercana al ovario. Las divisiones de esta primer célula, se hacen en 2, 4, 8, 16, 32, 64 y de más, hasta llegar a contarse por millones al día. Cada una de estas divisiones, da lugar a estructuras diferentes, que se diferencian de las otras, formando un músculo, otras médula ósea, otras piel, sistema digestivo en sus distintas partes, sistema nervioso y todos los demás órganos, aparatos y sistemas que forman a un ser humano. Estas primeras etapas de la formación de un ser humano, se realizan en la misma trompa, hasta que al cabo de una semana aproximadamente, llega a la cavidad del útero o matriz, y ahí, se implanta para quedar rodeado de capas celulares que formarán la placenta y otras envolturas que se desarrollarán paralelamente al nuevo bebé. A los pocos días de haberse implantado, ya se observa el corazón latiendo, algunas partes del sistema nervioso central, algunos músculos y vértebras, así como esbozos de las cuatro extremidades. El tamaño de este bebé, no es muy mayor de dos centímetros y progresivamente desarrollará lo que llamamos órgano génesis, es decir, ya están presentes todos los órganos del bebé, pero, desde luego, ha de pasar más tiempo hasta completar nueve meses para que el bebé se considere a término. En esta situación, el embrión, al principio de la órgano génesis, no es viable, es decir, no puede vivir fuera del vientre materno. Se ha dicho que esto se observa hasta las 24 semanas, pero recientemente se reportó el caso de un bebé de 21 semanas que nació vivo y aparentemente está sano. Su longitud es de aproximadamente 15 centímetros. Existen desde luego, un aborto espontáneo, donde, por alguna enfermedad de la madre o del bebé mismo, no es posible que éste se desarrolle y es expulsado. Aquí nadie tiene responsabilidad o culpa alguna. El problema es el aborto provocado, donde intencionalmente se interrumpe el desarrollo del bebé antes de que éste sea viable, y por lo tanto, muere. Los médicos hemos visto, en vivo o en película, las imágenes de un bebé abortado de modo provocado, y es posible observar que este se mueve; sin embargo, la mayoría de las ocasiones, estos abortos provocados extraen al bebé en pedazos, a veces una pierna, el tronco, la cabeza y sucesivamente hasta extraerlo por completo, de ahí va a la basura ¡Esto es dramático! Ambas situaciones suceden en el “mejor” de los casos. Mayoritariamente personas jóvenes son las que enfrentan la idea de abortar; cuando dos jóvenes tienen relaciones sexuales y ella queda embarazada, el “hombre” suele no dar más la cara y deja a ella sola con la situación. Ellas mismas tratan de provocarse el aborto, introducirse agujas de tejer o el alambre de un gancho para ropa o cualquier otro instrumento. Desde luego, esto acarrea perforaciones del útero con la subsecuente grave infección. Otras muchas tienen el valor de enfrentar la situación y vivir con su hijo el resto de su vida. No falta quién desaparezca del hogar, el trabajo o la escuela para ocultar de familiares, compañeros, amigos y conocidos, lo sucedido. Pero la mayor tragedia del aborto para la madre es lo que llamamos síndrome postaborto, ya que las personas que lo sufren, se pasan la vida pensando en lo que podría haber sido el bebé abortado, cómo sería éste cuando vea niños, adolescente y aún adultos de edad que debería tener su hijo. Es fácil que caigan en depresión y aún que atenten contra su propia vida.

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