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Llamado de prominentes católicos a observar civilidad en el debate político

DECLARACIÓN La civilidad debe ser un principio rector de nuestra vida pública. La civilidad y su posible impacto en la estructura de la Iglesia católica debe ser una preocupación de todos los fieles católicos, tanto clérigos como laicos. Es evidente que el debate político en los Estados Unidos se está convirtiendo en un debate partidista que crea división. El debate político en la preparación de todos los ciudadanos americanos para las elecciones presidenciales del 2008 está cada vez más lleno de ataques a la conducta privada y descalificaciones personales. Como americanos reconocemos que existen profundas divisiones entre nosotros sobre algunos temas de política; y reconocemos que algunas personas, que están activos en la vida política y que difieren con las enseñanzas de la Iglesia sobre algunas cuestiones, como por ejemplo, el aborto, la investigación con células madre, la pena de muerte, y la Justificación de la guerra, ventilan sus diferencias en público y critican a la Iglesia por estas enseñanzas. Otros, por razones políticas e incluso eclesiásticas, buscan poner en evidencia a los políticos que ocupen cargos públicos y difieran de las enseñanzas de la Iglesia, a través de la negativa del sacramento de la Santa Comunión o por medio de amonestaciones de los Obispos. Para corregir este error, hay que observar los siguientes principios. • Como católicos no debemos citar las enseñanzas morales de la Iglesia para avalar nuestras opciones políticas. Tenemos que hacer esto por respeto a nuestros compañeros igualmente católicos de buena voluntad, aunque de diferentes convicciones políticas y por nuestro interés en proteger al clero de que sea inmiscuido dentro de la política partidista en detrimento de la integridad de la Iglesia y la objetividad. • Como laicos católicos no debemos exhortar a la Iglesia a condenar a nuestros opositores políticos públicamente, negándoles la Sagrada Comunión a causa de su disenso público a las enseñanzas de la Iglesia. La aptitud de una persona para recibir la comunión es su responsabilidad personal. Y es la responsabilidad del obispo establecer en su diócesis las directrices para la administración de la comunión. • Los políticos católicos que anuncian su catolicismo como parte de su atractivo político, pero ignoran las enseñanzas morales de la Iglesia en su vida política, confunden a los no-católicos al dar la apariencia de hipocresía. • Obispos, y todos los que participan en la dirección de la Iglesia, no deben permitir que la Iglesia sea utilizada, o que pudiera utilizarse, de manera partidista, como instrumento político. • Como católicos tenemos que aprender a discrepar con respeto y sin establecer juicios, para evitar expresar nuestras opiniones con rudeza a quienes sospechamos que no estarán de acuerdo con nosotros, o al reaccionar a las opiniones de los demás. • Como católicos tenemos que tener en cuenta la condición humana común que compartimos con aquellos con quienes estamos en desacuerdo. Debemos evitar verlos como «el enemigo» en una lucha a vida o muerte, en la que el ganador se lleva todo en la contienda política. • Como católicos jamás debemos perder la fe en el poder de la razón, un único don de Dios a la humanidad, y debemos mantenernos siempre abiertos a una argumentación razonada. En este espíritu, debemos defender nuestros puntos de vista y posiciones con convicción y paciencia, pero sin ser odiosos y sin amenazas. • Como laicos católicos no debemos juzgar, y debemos evitar declaraciones públicas que socavan la autoridad de los dirigentes de la Iglesia. Los Católicos americanos saben que sus líderes de la Iglesia son: sus obispos, arzobispos y cardenales. Agresivos ataques personales pueden ayudar a alcanzar un objetivo político deseado, pero estas acciones se cargan a la conciencia personal y ponen en peligro la paz de la Iglesia de Cristo. Al observar el principio de la civilidad en todas nuestras acciones políticas vamos a proteger a nuestra conciencia y nuestra Iglesia contra los daños que le podemos causar. La civilidad para los católicos, como para todos los creyentes, se basa en las enseñanzas del Señor, quien exige que nos amemos unos a otros como a nosotros mismos, que seamos amables, y que nos perdonemos. Desde esta enseñanza surge la orden de respetar incluso a un oponente incómodo, y de tener moderación en la lucha política, y no utilizar a la Iglesia para sus fines políticos. Estas directrices pueden ayudar a la comunidad católica a mantener el espíritu de civismo y a proteger a nuestra amada Iglesia, de ser culpable por la aparición de una participación política partidista. Con la ayuda de Dios podemos participar en nuestras elecciones, debatir las cuestiones, la civilidad y la práctica a medida que tomemos nuestra decisión sobre quién debe ser el próximo Presidente de los Estados Unidos. Siguen los nombres de distintas personalidades del mundo católico estadounidense.

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